domingo, 29 de abril de 2012

Cristina en Vélez: la Historia no se detiene


A 9 años del punto de inflexión que significó la llegada de un desconocido gobernador del sur a la presidencia sin legitimidad (consecuencia planificada por Carlos Menem, una porción del aparato peronista de la provincia de Buenos Aires y ciertos sectores del poder económico concentrado nostálgicos de los 90, que decidieron no subirse al balotaje), sin fuerza propia y en medio de un contexto socio-político en llamas, la fiesta popular en la que se convirtió un acto político partidario sirvió para esclarecer un par de cuestiones puntuales que alumbran la historia, la coyuntura y que sirven para proyectar el futuro:

- La capacidad de organización y movilización del kirchnerismo, y los actores políticos que conforman esa fuerza.
- El mandato del kirchnerismo en tanto experiencia histórica: “cambiar el destino de la Argentina”, según las palabras de la Presidenta.
- La cuestión de pertenencia cómo rasgo distintivo en la conformación de su identidad colectiva, matiz que lo proyecta en la historia.
- El rol de la juventud politizada ya no cómo “aguante” y acompañamiento desde las márgenes, sino como actores centrales del proceso de transformación.

UN MOVIMIENTO

Vélez fue una fiesta. Pero esa celebración no se circunscribió al puñado de horas que duró el acto entre la llegada y la desconcentración. Vélez, el encuentro en el que los dirigentes y los militantes kirchneristas “posta” se reconocieron en el rostro del que tenían al lado, fue un festejo en continuado por, al menos, una semana: desde la puesta en escena del estadio, la organización logística y litúrgica, la convocatoria, los viajes en bondis abigarrados, la marcha hacia “El Fortín”, el acto, la desconcentración, las celebraciones en las unidades básicas al regreso.

Todo aquello explicita la capacidad de organización y de movilización de una fuerza orgánica. Las “novedades”, entonces, son dos: el kirchnerismo si no lo es, está en los aprestos finales para convertirse en un movimiento vertebrado en una conducción firme, organizado programáticamente en torno a esa jefatura central y en vías de consolidar un funcionamiento orgánico en ese sistema propio. En 9 años, el kirchnerismo prescinde (en cierto sentido) de los aparatos cegetista y pejotista. Lo logró con voluntad, capacidad política, organización y recambio. Y, claro, con un elemento vital: el poder inigualable de CFK como gran electora: esa característica disciplina y ordena (por ejemplo, a los gobernadores, intendentes, sindicatos, empresarios, actores corporativos).
La otra novedad es que, todo eso que logró el kirchnerismo (unidad, orgánica, capacidad de organización y movilización) no fue apenas consecuencia de la gestión de la política “dura” (la domesticación mediante la guita, sociedades basadas en la conveniencia electoral) sino, esencialmente, fue un logro sustentado en la seducción ideológica, desde las ideas, desde las convicciones, desde la pertenencia, desde la construcción de una identidad colectiva que interpela y que conforma un nosotros que da sentido, que otorga una imagen histórica de uno mismo y que, sobre todos, perfila esperanza a futuro.

La foto de la primera fila de dirigentes que se ubicaron detrás del atril desde el que habló la Presidenta, es taxativa: a la derecha de CFK Emilio Pérsico (Movimiento Evita) y Agustín Rossi (Corriente Nacional de la Militancia); a la izquierda Andrés Larroque (La Cámpora) y Edgardo Depetri (Frente Transversal). Un espadachín parlamentario histórico, con rictus y procedencia peronista de izquierda (Rossi), un líder de un movimiento social popular, de base (Pérsico), el referente de un emergente genéticamente kirchnerista cómo La Cámpora y la juventud como actor político (Larroque), sindicalismo alternativo a la CGT, transversalidad peronista nacional popular (Depetri).

Algo más: la fecha elegida no es casual. Un movimiento construye simbología e historia propias. El 27 de abril será, de ahora en más, parte del relato histórico del kirchnerismo, su fecha fundante.

MANDATO HISTÓRICO

Fue una fiesta Vélez, pero como siempre que habla la Presidenta el volumen político está presente en la densidad del discurso. Escuchar y leer, releer para aprender y vislumbrar lo que viene.

Cristina fue clara: “La historia la escribimos nosotros mismos”. La Presidenta interpeló a los dirigentes actuales y miró hacia el futuro, poniendo a la juventud en el centro de la escena: “Son ustedes –los jóvenes- los que tienen que seguir escribiendo la historia, su propia historia; para hacerlo deben hacerlo UNIDOS Y ORGANIZADOS para profundizar la transformación", dijo en un pasaje de la alocución.

Antes de eso, Cristina explicitó el mandato histórico del kirchnerismo. Para que no queden dudas (hacia afuera) acerca del cuál es el camino a seguir. Contó que la esposa del Nobel Saramago le preguntó, antes de las elecciones de 2003, cómo haría el futuro gobierno de Néstor para legitimarse si le negaban la segunda vuelta. La respuesta de Cristina no podría pintarla mejor como Estadista inigualable: “Construiremos legitimidad con políticas orientadas a cambiar el destino histórico del país”. La gestión de gobierno posterior, tanto de él como de ella, no hace más que agigantar sus figuras hacia lo más alto. Y, a la vez, permite imaginar en el horizonte algo grande.

Pero la Presidenta no se quedó con la revisión, sino que entregó trazos gruesos de lo que serán los próximos años. Afirmó que la tarea institucional será crear “nuevas formas de intervención del Estado, modernas, contemporáneas. Junto al sector privado pero siempre asegurando la dirección del Estado, que no puede renunciar a su responsabilidad histórica”. Además, insistió en el camino emprendido para la recuperación de Malvinas: resaltó la búsqueda pacífica y diplomática.

Allí hay una pista de lo que avizora una Presidenta que tiene la capacidad de mirar por sobre la coyuntura. CFK está un millón de años luz por encima de lo cotidiano (aunque gestiona con rigor en ese sentido). Malvinas y el derecho internacional, está asociado con otra parte de su discurso. Dijo: "América del Sur tiene una oportunidad única en 200 años para convertirse en la región más importante de la Tierra. Pero debemos tener humildad, lucidez, y mucho conocimiento de la Historia, porque la Historia enseña más que mil discursos o cuatro mil libros”. ¿Qué es lo que dijo CFK entre líneas? ¿Qué es lo que proyecta, cómo imagina a la Argentina en el bloque regional, y cómo analiza ese bloque en el concierto mundial?

Cristina construye una Patria para la Historia que está llegando. Esto es: gestiona geopolíticamente para insertar a la Argentina en un concierto mundial que por estos tiempos se erige como los movimientos de las placas tectónicas, de manera subterránea. Entonces, ¿por qué construye una Patria para la Historia? Porque sabe que la cristalización de eso la supera a ella individualmente por una cuestión de tiempos. Por eso, conduce la ingeniería superestructural, a nivel local, regional y mundial, que sustentará ese tiempo histórico por venir. Poner el cuerpo y las ideas en pos de algo más grande que uno mismo.

SOY CON VOS, CON USTEDES

Una de las dimensiones que le dan volumen al kirchnerismo y que lo proyectan como experiencia histórica en la línea del federalismo, del yrigoyenismo y del peronismo, es la dimensión afectiva en la construcción de una identidad colectiva que pueda ayudar a las personas que la conforman a dar sentido a lo que están experimentando y, a la vez, esperanza en el futuro.

Haber vivido desde el corazón del estadio el acto en Vélez fue una experiencia alucinante porque su pudo apreciar la teoría hecha carne. Aquello que cierto sector de la teoría política explica, lo de la dimensión afectiva, la identificación que promueve la acción política, el sentimiento, encontró en Vélez un ejemplo real. Si Chantal Mouffe (la politólogo que escribió acerca de esa teoría en el libro En torno a lo político) hubiese estado en Vélez, podría haber visto su libro expresado en gestos, en palabras, en canciones, en rostros, en miradas, en abrazos, en saltos, en banderas, en carteles. En un sentimiento colectivo que se traduce en acción política.

Vélez no fue un acto partidario. Vélez fue una fiesta en la que se celebró la identidad y la esperanza en el futuro; fue la confirmación de un compromiso: organizarse para profundizar la transformación, comprometerse a ser mejores colectivamente para acompañar a la Presidenta.

Todo en Vélez fue casi onírico: la iconografía, pletórica de colores e imágenes reforzaban la identidad a cada paso.

El desarrollo del acto fue perfecto, con un comienzo impactante: un video épico, que repasó la gestión de gobierno desde 2003 con Néstor Kirchner como protagonista central, prologó la entrada a escena de CFK. El sonido, envolvente, sonaba en la boca del estómago. Al mismo tiempo que finalizaba el video, una cortina impactante de humo espeso celeste y blanco (con una línea dorada), explota desde lo más alto de la cabecera que está detrás del escenario y, en ese mismo momento, la Presidenta aparece en el escenario. Todo en el mismo instante. “Somos de la gloriosa juventud peronistas/somos los herederos de Perón y  de Evita”. Ese himno atrona entonces desde los parlantes y desde la voz colectiva de las tribunas y el campo, en el momento que CFK saluda la multitud desde la punta del escenario. Un encadenamiento de pequeños eventos dentro del gran evento que sacudieron los corazones de los cien mil que estaban allí.

Después, un discurso memorable que los militantes escuchan para aprender. Es sobrecogedor: 40 minutos de atención apasionada, con picos de emoción y un final, nuevamente, descomunal: “La historia no se detiene” dice CFK y una espesa bruma de papelitos plateados explota desde algún lugar para nublar la visión durante un instante. Otra vez, CFK saluda desde el filo del escenario y no, no suena la marcha. Suena “Compañero” (la canción que acompañó la campaña de NK en las legislativas de 2009) y, luego, “Juguetes Perdidos” de los Redondos. Y luego Estelares y otras bandas, mientras Cristina reparte besos y abrazos entre los militantes e invitados que estaban más cerca del escenario.

Es increíble ver (en realidad, absolutamente lógico si uno vive este proceso político con atención) cómo los jóvenes se quedan festejando, abrazados, cantando consignas, sacándose fotos con las gigantografías de NK y CFK con la multitud a sus espaldas. La fiesta sigue. La desconcentración comienza lentamente, pero la celebración perdura una hora y media en el campo y en la popular que ocupó La Cámpora. Pero, ¿es apenas eso lo que aporta la juventud o lo que busca en este movimiento? No. Eso es expresar la alegría que otorga la pertenencia a un proyecto que contiene e interpela, y que obliga a crecer políticamente para profundizar la transformación. Sí, eso pasa en el ámbito político en la Argentina de hoy. Y todo comenzó un 27 de abril…

jueves, 26 de abril de 2012

Mañana, en Vélez...

...nos vamos a reconocer en el compañero de al lado y en una Presidenta que espeja una sociedad más igualitaria e inclusiva 


A nueve años de la elección que consagró Presidente a Néstor Kirchner, el kirchnerismo confluirá en un acto partidario que se presentará en formato de fiesta popular e inclusiva: a menos de una década de un punto de inflexión de la historia de la Argentina, vamos a celebrar en forma colectiva el rumbo de un modelo de país que nos otorga identidad y esperanza de futuro, que nos interpela para asumir el compromiso de profundizar la organización y la formación, y que nos compromete a redoblar esfuerzos para satisfacer las demandas de todos los sectores del país.
 #hayquebancar




miércoles, 25 de abril de 2012

#hayquebancar El kirchnerismo en Vélez: lo simbólico, la organización y el futuro



El próximo viernes en el estadio de Vélez, el heterogéneo arco de organizaciones que habitan el kirchnerismo (la heterogeneidad no está dada en la naturaleza, sino en la delimitacion de la práctica política de las agrupaciones que lo conforman) confluirán en un acto que se prevé histórico: por la magnitud de la convocatoria, por la coyuntura en que se realiza y por el tiempo histórico que atraviesa. La fecha no es caprichosa, pues ese día se cumplen nueve años de un hito que consideramos fundacional: las elecciones presidenciales en las que Néstor Kirchner, con apenas el 22% de los votos, se consagraba Presidente en lo que fue el inicio de un ciclo de gobierno que inauguró uno de los dos períodos de crecimiento e inclusión más importantes de la historia de nuestro país (junto con el ciclo del primer peronismo -45 al 55-) 


A 9 años de aquel punto de inflexión, ya es posible avizorar el trazo grueso de la historia marcando con precisión la trascendencia de un período de gobierno nacional-popular que, por primera vez en 50 años, logra agrietar los paradigmas políticos, económicos y culturales del liberalismo racionalista y expoliador que condujeron al país hacia el infierno. A 9 años de aquella elección, la voluntad y la capacidad política del Gobierno Nacional lograron ir revirtiendo, muy lentamente, una correlación de fuerzas siempre favorable a los conglomerados económicos concentrados. De esta manera, llegamos a esta reunión luego de un anuncio histórico de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner: el envío al Congreso de un proyecto de ley que declara de interés público toda la actividad hidrocarburífera y las expropiación del 51% de las acciones de YPF S.A.


Sin embargo, a pesar de los enormes esfuerzos, la disputa entre la política y las corporaciones no está saldada ni mucho menos. Aún después de las elecciones del año pasado, en las que la Presidenta recibió un claro respaldo popular y en las que consiguió la legitimidad para profundizar el rumbo (para eso la votó el 54% de los argentinos, para seguir en el camino que inició Néstor Kirchner), las corporaciones continúan intentando horadar el Gobierno Nacional, y la inmensa mayoría del arco político opositor siguen sin presentarse al debate político, pues prefieren ser gerentes de intereses corporativos.


Por eso la reunión en Vélez, que pretende convertirse en una fiesta popular, será una expresión robusta de las certezas del kirchnerismo: la conducción de Cristina, el rumbo del modelo y la cohesión militante.


A 9 años de aquel punto de inflexión, en el que Néstor Kirchner llegaba a la Casa Rosada con un ascuálido porcentaje de votos (debido a la cobardía, crapulencia y especulación políticas del ex presidente riojano) y un estado de situación social y político-económico calamitoso, llegaremos a Vélez con la certeza de reconocernos en el rostro del compañero de al lado, con la seguridad de que la inclusión, la ampliación de ciudadanía, la soberanía y la democracia son hechos incontrastables, con la convicción inquebrantable de acompañar y respaldar a la Presidenta en su conducción estratégica y, principalmente, con la certidumbre de que el camino es largo, que debemos seguir aprendiendo y formándonos, y que todavía hay muchas batallas que librar para seguir construyendo la Patria que nos merecemos todos los argentinos. 


Desde la Juventud Platense para la Victoria, en tanto actor político de la ciudad de La Plata y militantes del modelo nacional-popular que conduce CFK, celebramos esta oportunidad de encuentro fraternal y militante para festejar nuestra identidad, pero por sobre todo para seguir profundizando la organización de cara a lo que falta: #hayquebancar





sábado, 21 de abril de 2012

YPF: identidad y sintonía fina


“Para actuar políticamente, las personas necesitan ser capaces de identificarse con una identidad colectiva que les brinde una idea de sí mismas que puedan valorizar. El discurso político debe ofrecer no sólo políticas, sino también identidades que puedan ayudar a las personas a dar sentido a lo que están experimentando y, a la vez, esperanza en el futuro”.
Chantal Mouffe

¿Qué rol tiene la dimensión afectiva en la construcción de las identidades colectivas en la democracia moderna? Según la mirada liberal racionalista, esa dimensión sería apenas una construcción “populista” (aquí el concepto utilizado en los términos de incomprensión, ignorancia y desprecio con que lo tamiza el liberalismo) pletórica de demagogia, funcional a los intereses egoístas y corruptos de acumulación de poder para destrozar el diálogo y la construcción de una democracia “dialógica” a través del “consenso”.

Sin embargo, esa mirada y esa praxis asépticas que configuran el enfoque pospolítico, en la Argentina de hoy están siendo enfrentadas fuertemente desde la política. Precisamente, desde el kirchnerismo.

Alrededor del mundo los think tank liberales vienen advirtiendo sobre el peligro de la dimensión antagónica en lo político, y atacan con fruición las vinculaciones entre lo afectivo y lo político ya que esa fusión sería una daga clavada en el corazón del consenso, en tanto Santo Grial de la política. Como contrapartida, la experiencia histórica los desmiente: lejos de amenazar la democracia, la confrontación agonista es la condición misma de su existencia.

El proyecto de expropiación de YPF que el Poder Ejecutivo envió al Senado de la Nación es una nueva muestra no ya de la trillada supremacía política del kirchnerismo sobre el archipiélago de oposiciones (las deshilachadas expresiones partidarias que, atomizadas, pueblan las minorías en el Congreso, y los Cruzados que defienden la economía concentrada en los medios); sino que se convierte en una demostración fulminante que ilumina este tiempo histórico, el inaugurado el 23 de octubre del año pasado: la reconstrucción política e institucional de Estado para la profundización del modelo nacional popular. Sintonía Fina. Es el desarme del Estado neoliberal a partir de “la política” (las prácticas e instituciones que ordenan) y, por supuesto, desde “lo político” (la dimensión antagónica constitutiva de las sociedades). Y eso, la política en tanto herramienta para la transformación, expresada en los dedos en V en alto como símbolo, genera identidad y compromiso.

Por eso, la cara de Axel Kicillof convertida en afiches ocupa millones de muros en Facebook, luego de su exposición en el Senado (junto a Julio De Vido, ni más ni menos) para defender el proyecto de expropiación: la vehemencia y el arsenal de recursos técnicos y políticos con los que el “judío marxista” (dixit Carlos Pagni, en La Nación) solidificó su presentación, en la que defendió la política económica más importante del ciclo kirchnerista, no es otra cosa que un llamado a la militancia y al compromiso con un proyecto soberano e inclusivo; por eso, YPF es Trending Topic en Twitter desde hace una semana: la mayoría a favor, otros en contra; pero al fin, es lo político habitando todos los espacios de debate. Y eso, queridos amigos, es cultural. Es, básicamente, el comienzo del fin del neoliberalismo cultural.

La onda no es negar los conflictos, sino proporcionar las instituciones democráticas que les permitan ser expresados de modo adversarial. “Tal confrontación debería proporcionar formas de identificación colectivas lo suficientemente fuertes como para movilizar pasiones políticas. El peligro es que la confrontación democrática sea entonces reemplazada por una confrontación entre formas esencialistas de identificación o valores morales no negociables”, afirma la politóloga Chantal Mouffe.            El kirchnerismo sigue buscando en lo político y en la política el alimento para la construcción de un modelo de país. Del otro lado, apenas se escuchan tibios lugares comunes revestidos de moralina de almacén. Por eso, las más jóvenes y los padres de esos jóvenes se entusiasman con la Presidenta, estableciendo un lazo afectivo; por esa misma razón, Elisa Carrió por ejemplo, dilapidó todo su capital político en apenas 4 años deambulando por los canales vaticinando Apocalipsis varios.

La identificación, entonces, se construye en dos dimensiones. Tenemos la seducción ideológica, la vehemencia y las convicciones, que acompañan y embellecen lo más duro: lo macroeconómico, los números. En ese sentido, podemos destacar (en orden cronológico): el NO al ALCA y el impulso a la integración regional, la quita a la deuda y la salida del FMI, la batalla por la 125, la estatización de las AFJP, la ley de medios, la nueva Carta Orgánica del Banco Central. Esas son medidas centrales del ciclo de gobierno kirchnerista: todas son medidas básicamente económicas, pero no principalmente económicas porque, con cada una de esas decisiones, lo que se buscaba era soberanía política. Con cada una de esas decisiones, se construía un nosotros cuyo trasfondo era una visión global del país, un modelo, un proyecto inclusivo. Un nosotros que, sin eliminar los conflictos, pretende contener las demandas de 40 millones de tipos y tipas.

miércoles, 18 de abril de 2012

Brufau y la Coronita española


Son repudiable las formas en la expresión de Brufau (el español presidente de Repsol). Al margen del fondo de lo que plantea que, por otra parte, es entendible: un empresario europeo que en un país "periférico" tenía dominio absoluto para expoliar los recursos naturales de ese país y, así, girar dividendos espectaculares hacia Europa, sin invertir acá. 

Pero, de repente, se pegó un palo terrible contra una Estadista que defiende la soberanía de su país. Pero este señor, subido a esa soberbia imperial típica que explicita decadencia y añoranza de la Modernidad, parece referirse al Estado argentino como un paraje semi-colonial al que la tilinguería Real se va a llevar puesto.  

Brufau, este país no es más ese gran supermercado que en 1989 las empresas de la Coronita española desvalijaron, metiendo en el changuito todas las empresas que se le ocurrían por dos monedas. Ahora, loco, nos paramos de manos. Gracias a la valentía de Cristina Fernàndez de Kirchner.

lunes, 16 de abril de 2012

YPF: mandato histórico nacional popular


"Nestor, mi buen amigo/llename el tanque q el petroleo es argentino/Se cumple un sueño: la expropiación/Y que la chupe el gorila de Rajoy". Un militante en Twitter. 


En el libro La historia desbocada, José Pablo Feinmann destroza el paradigma filosófico hegeliano que dominó la década del sesenta: el sentido dialéctico de la historia. Incisivo y hasta irónico, el filósofo (desde los medios concentrados le ponen el mote de "filósofo K"; desde muchos sectores del peronismo lo tildan de gorila; y el se reivindicó cómo "K"... pero de Kierkegaar, Kant y Kafka. En fin.) afirma que el sentido que la historia tenía en esos años (la marcha irrefutable hacia el socialismo) se pegó un palo terrible contra la realidad.

"Hubo un tiempo en que la historia tenía un sentido. Crecí en medio de ese tiempo (...) No sólo valía la pena luchar por el socialismo porque uno creía en él, sino porque no hacerlo era aislarse de la línea en que la historia progresaba (...) Si uno se hubiese atrevido en ese tiempo a arrojar un concepto como la historia desbocada, no se habría librado de una buena paliza conceptual '¿De qué hablás? ¿Te querés  hacer el loquito? La historia no está desbocada. La historia es un proceso necesario, racional, inmanente a sí mismo. La historia tiene un desarrollo lógico y un sentido. Y ese sentido es dialéctico. La historia deviene dialécticamente. ¿O no leíste a Hegel, animal''".

Si el liberalismo y el capitalismo financiero arruinaron la dialéctica hegeliana, qué decir del destrozo que el neoliberalismo propició en Argentina. La gloriosa JP nunca pudo confluir con los sectores medios y los más vulnerables, el Brujo ganó la pulseada (aunque se fue) y la dictadura militar burguesa se aprovechó de las fisuras que el bloque de clases dominantes propició en el campo nacional y popular, para desatar el genocidio. Y el destrozo del andamiaje productivo.

YPF fue parte de aquella balcanización. La dictadura usó YPF para lograr empréstitos en el exterior (claro que el dinero obtenido afuera nunca se utilizó para robustecer a la empresa hidrocarburíferas, sino para financiar el terrorismo de Estado) y luego fue sometida a un endeudamiento público. Acción cuyo fin último (propiciando insolvencia financiera y patrimonial) era darle validez uno de los dogmas de la dictadura: la ineficiencia estatal. El endeudamiento externo por capital únicamente se multiplicó por doce entre diciembre de 1975 y marzo de 1981, concentrando “… al 31 de marzo de 1984 el 17.65% del total de la deuda externa registrada entonces para el sector público por capital únicamente", según afirma el fallo sobre la deuda externa argentina emitido por el juez federal Dr. Jorge Ballestero el 13 de julio de 2000.

Más tarde llegó el menemismo y la retahíla de privatizaciones. Desde 1999, cuando el menemato acorralado por la crisis asiática y la devaluación de Brasil decidió la venta en bloque de las acciones de YPF (contradiciendo lo que había sido la política de atomizar la venta de acciones para conservar el rumbo de las decisiones estratégicas), el management de YPF cambió: el centro de decisiones estratégicas se mudó de Buenos Aires a Madrid, como explica Nicolás Gadano en el libro Historia del petróleo en Argentina.

De esa manera, la política de inversiones en Argentina quedó condicionada por las decisiones globales del grupo Repsol, que eligió una furtiva distribución de dividendos entre los accionistas (es decir, dinero generado en Argentina que los españoles sacaban del país, sin inversiones de magnitud. Pura ganancia). Básicamente: pérdida absoluta de soberanía sobre los recursos naturales, la exploración y explotación de los mismos.

EL MANDATO HISTÓRICO

Como explica Gadano, el kirchnerismo revirtió el enfoque aperturista y desregulador del menemismo en la industria de los hidrocarburos, y llegó a crear una nueva empresa estatal, ENARSA, que recibió el dominio y control sobre todas las áreas off shore de Argentina.

A fines de 2007, Kirchner impulsó la "argentinización" de la empresa con el ingreso del grupo Petersen, de la familia Eskenazi. El ingreso de accionistas locales le devolvió identidad argentina a YPF y revirtió parcialmente la desnacionalización en el proceso de toma de decisiones de la empresa. Sin embargo, fue insuficiente para revertir la salvaje política de envío de dividendos hacia España, y la falta de inversión en exploración y producción (en 2008, los dividendos distribuidos por YPF entre sus accionistas llegó al record de 2600 millones de dólares, según explicó Gadano en una nota publicada en Le Monde Diplomatique).

Hoy al mediodía, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner parece haberle puesto un ladrillo más a la profundización del modelo, la sintonía fina, con el envío al Congreso del proyecto de ley de "Recuperación de la soberanía hidrocarburíferas", que contempla la expropiación de parte del Estado del 51 por ciento de las acciones de YPF.

Si bien es factible coincidir en que la política energética del kirchnerismo fue oscilante, y que los resultados cuantitativos son, en cierta dimensión, opacos (el “déficit energético” en la balanza fiscal del año pasado caminaba hacia un agrandamiento en 2012), es incontrastable la búsqueda conceptual e ideológica a la que siempre apuntó: la recuperación de soberanía. Durante años, se apuntó principalmente a garantizar el acceso de los usuarios a precios accesibles en medio de un contexto socio-político diferente (salida de la crisis); paulatinamente, con el cambio en la correlación de fuerzas, con el aumento de legitimidad y con el mejoramiento del contexto, se inició la “argentinización”. Ahora, es el turno de profundizar los esfuerzos para retomar un mandato histórico: la búsqueda de soberanía hidrocarburíferas, justo cuando el mundo nos recuerda su rol estratégico todos los días con las guerras por los recursos naturales.    

Más que dialéctica, entonces, se trata del mandato histórico de la tradición nacional popular argentina, cuyo hilo conceptual une al primer peronismo con los Kirchner. Un cruce dialéctico cuyo principales respaldos son el artículo 40 de la Constitución de 1949 (“la propiedad inalienable e imprescriptible” de los recursos naturales) y este proyecto de ley. 

sábado, 14 de abril de 2012

De Teo Gutiérrez, Basile, y las armas de fuego (de juego)


    TANTO DESPIOLE POR UN PISTOLÓN FALSO?


Ehhh loco! Tanto quilombo porque Teo Gutiérrez sacó un arma (de juguete) para defenderse de sus propios compañeros (lo querían fajar por hacerse echar en la derrota 4 a 1 ante Independiente)???


Cómo me dijo un amigo recién, "en la década del 80 todos los jugadores iban armados. Les daba por esa boludez".


En ese sentido, una altísima fuente que recorrió los pasillos de AFA entre 1977 y 1993 (cómo estamos divagando, vamos a citar fuentes como lo hacen La Nación y Clarín -lo loco es que esos diarios lo hacen "denserio-") afirma que un jugador histórico de la Selección, defensor, que jugó en River, Boca y San Lorenzo (campeón del mundo en 1986 y subcampeón en 1990 con la Selección) solía ir a los entrenamientos con un .22 corto en la botinera. El inefable cabezón, formado en una época en el que el respeto a los dinosaurios de los vestuarios era sagrado, tenía una técnica poco convencional para amedrentar a los más jóvenes y evitar que las luces del fútbol de Primera los obnubilen rápido: cuando alguna actitud de los púberes no encajaba en las normas de convivencia que establecían democráticamente los más grandes, el inefable defensor les disparaba un par de tiros (vale aclarar que el arma es de un calibre muy bajo y, generalmente, no es mortal) a "las patas". Claro que la intención no era pegarles, sino asustarlos! 


Un ejemplo de liderazgo postitivo! Basta de quilombo.


Claro que, ante semejante desatino (no el de Gutiérrez, sino por el escándolo por semejante pequeñez) Alfio Basile, acostumbrado a sus barrocos tiempos de jugador, decidió alejarse del club. Y porque además sus jugadores no pueden dar tres pases seguidos, claro.


Por otro lado, una voz de peso (?¡?¡) en la dirigencia racinguista, afirmó en off que Ricardo Caruso Lombardi le pediría al presidente de San Lorenzo que lo deje ir a Racing, ya que desde el club de Avellaneda se contactaron con el DT tras el portazo de Basile.


Buenas noches.


miércoles, 11 de abril de 2012

Volver al 2008

¿Cuáles son las formas y las herramientas que las corporaciones adoptan para condicionar la democracia popular?

Esa pregunta vertebró un posteo reciente (acá, acá también) en el marco de un análisis a corto y mediano plazo. La intención era pensar el nuevo escenario en el que podría desarrollarse el debate político en Argentina, luego del quiebre que marcó el triunfo electoral del kirchnerismo en octubre pasado. En ese sentido, la tésis que Chantal Mouffe expone en su libro En torno a lo político servía de base teórica para delimitar el contorno teórico y práctico de las disputas (a vuelo de pájaro: el desarrollo de las democracias de este siglo debería darse desde una "lucha agonista" en la cual proyectos antagónicos debatan por la hegemonía política, en lugar de seguir robusteciendo las  "democracias dialógicas" que imponen los poderes reales, a través de las cuales generan un "Zeitgeist pospolítico" que termina por excluir a las mayorías produciendo así enfrentamientos dicotómicos en la sociedad).

A pesar del esfuerzo que implica imaginar de que manera el arco político nacional podría, en algún sentido, ponerse a la altura de postulados teóricos umbilicados con experiencias históricas que marcaron y marcan el pulso político suramericano, la realidad cotidiana empuja violentamente hacia la afirmación de una tésis que está en las antípodas de la explicada por Mouffe: no habrá "lucha agonista" en Argentina. Como contrapartida, todo indica que se reforzará la tensión de mediados de 2008. Es decir, una avanzada furiosa sobre el gobierno nacional de parte de algunos poderosos sectores.

Más claro: no habrá, enfrente del kirchnerismo, un modelo antagónico, ni siquiera un proyecto opositor con matices propios; no habrá enfrente del kirchnerismo un mirada integral de país que confronte, en el ágora político, con los fundamentos que guían al país (con éxito en muchas dimensiones, con menos aciertos en otras) desde el 25 de mayo de 2003. El arco político opositor está dejando pasar la oportunidad de confluir con ciertos sectores de la sociedad. Hay una buena parte de la población que, ciertamente, no comulga con los lineamientos del oficialismo. Pero claro: hoy, la oposición política está vinculada en forma inherente al discurso de los medios dominantes, que son la voz del bloque de clases dominantes. Entonces, no hay lógica política en la oposición. En su lugar, se erige un discurso que es una defensa a ultranza de privilegios atávicos de ciertas corporaciones. Una defensa que se asemeja, demasiado, a un grito desangelado y nostálgico de un tiempo histórico que, en definitiva, es un recuerdo sepia.

¿Qué quiere decir volver al 2008? La construcción de un escenario dicotómico, edificado con el poder de fuego del dispositivo de medios dominantes: de un lado el gobierno nacional, del otro, "la gente". Un divorcio irremontable. El mecanismo es conocido: los medios dominantes repiqueteando las 24 horas del día, poniendo en escena a politiqueros prime time (volvió Carrió! en La Nación de hoy), juristas del stablishment, economistas de la ortodoxia liberal, opinólogos conservadores o intelectualotes menemistas (Asís, también en La Nación de hoy), historiadores representantes de instituciones del liberalismo histórico o de entidades de baja estofa dependientes o sostenidas por el poder concentrado,  editorialistas desembozados.

En 2008, la avanzada comenzó con la "valijagate" y fue coronada con la batalla que encabezaron las cámaras patronales de los agronegocios. En aquella oportunidad, a partir de la inteligencia semiótica que evidenciaron, Clarín y La Nación ("todos somos el campo") supieron crear un sujeto social que, engañado, acompañó el grito chúcaro de la Sociedad Rural y sus amigotes desestabilizadores. Claro, los medios corrieron con una ventaja semántica inapreciable, en dos dimensiones: la carga histórica y el recorrido simbólico del gobierno hasta allí.

Desde aquellos días de 2008, el gobierno nacional entendió que la batalla cultural debía vertebrar su discurso, y complementar la gestión (siempre, en ese aspecto, el oficialismo goleó a la oposición política y mediática): cierto revisionismo histórico, ley de medios y un cambio que fue como "un movimiento dialéctico novedoso entre la conducción política, la militancia y –aquí la riqueza- importantes sectores de la propia sociedad. Por un lado, el asumir que había que generar espacios discursivos propios, al margen de los dispositivos tradicionales de constitución de opinión pública. El fenómeno 678, hoy quizás puesto en discusión, es hijo dilecto de esa etapa" (el compañero Mendieta).

En estos días, la avanzada viene a caballo de otra de las verdades reveladas del manual liberal que aplican los poderes reales para la construcción de la "democracia dialógica": la corrupción. Es decir: evitar los debates políticos profundos para tomar un atajo muchas veces ficticio. La corrupción existió y existe, generalmente, en la concentración estatal. Es menester de las gestiones combatirla. Y, según los manuales, cierta tarea de contralor le corresponde al periodismo: denunciar casos reales de interés público es una tarea que dignifica a los comunicadores y a las empresas de comunicación (¿y la corrupción de los privados? No, eso no existe en la teoría académica ni en la práctica de la cadena de medios concentrados). Pero la tergiversación, multiplicación de falsedades y construcción de operaciones con un piso casi inexistente de verdad comprobable, en connivencia con otros actores del quehacer público, es otra cosa: es una herramienta desestabilizadora de hecho contra gobiernos elegidos democráticamente y legitimados por apoyos populares.

La corrupción es el clivaje desde donde los medios, en conjunto con el arco político opositor, se asientan para generar un supuesto antagonismo entre los gobiernos terriblemente corruptos, y la sociedad supuestamente ultrajada por estos.

Las técnicas utilizadas para construir estos castillos de naipes no reconocen límites y el realismo mágico es, en comparación, un expediente burocrático. Sin embargo, esas formas están unidas históricamente al credo liberal que, a fuerza de colonización de las historias, preeminencia en la educación y monopolio de los medios, son caras a la gente de a pie. Por eso insisten con la corrupción. Es un atajo para llegar a las mayorías a las que no pudieron interpelar (así lo demuestra el resultado de las elecciones de octubre pasado) a través de la "lucha agonista" (la evaden, la repelen).

Así condicionaron a cuanto gobierno quisieron, y por eso ahora apuntan al vicepresidente Amado por Boudou (y, elípticamente, a la Presidenta). Esa es la forma que toma en 2012 el escenario que montaron (medios dominantes como expresión de los poderes fácticos) en 2008.

Pero vale la pena recordar cuáles fueron las consecuencias de la batalla por la 125. La oposición política, los medios y los actores económicos, financieros y sindicales que apoyaron la avanzada, terminaron atomizados y reducidos a expresiones sin peso e influencia en las elecciones generales de 2011. Como contrapartida, el kirchnerismo logró en esos días constituir rasgos identitarios fundamentales, que marcaron su praxis y su organización hacia adelante. En octubre de 2011, todo eso encontró una rúbrica cuantitativa histórica.

El farragoso escenario que parece erigirse en estos días, podría constituir una prueba de fuego no sólo para el kirchnerismo en su nueva fase de sintonía fina y organización en torno a estructuras propias; si no también presentaría desafíos para todo el arco político y para la sociedad entera. Quizás sea tiempo de robustecer en forma institucional (sumando la legitimación popular) las bases que hagan sustentable la democracia del siglo XXI: más cerca de la lucha agonista y bien alejada de los escenarios (jurídicos, simbólicos, políticos) que antes establecieron y que hoy plantean profundizar o actualizar ciertos sectores de la economía concentrada. Esa es la única manera de seguir consolidando un poder político transformador. Como afirma el profesor Sebastián Etchemendy, "la teoría y la experiencia histórica en los procesos democráticos demuestran que la ampliación de derechos sociales generalmente va desde Ejecutivos fuertes hacia el Congreso y el Poder Judicial, y desde el poder estatal a las periferias federales, y no al revés".

Así las cosas, está al alcance de todos verificar la historia reciente de nuestro país para identificar desde dónde se promueven las transformaciones, y desde qué lugares se pretende urdir intrigas para detener las reformas o retroceder sobre las conquistas conseguidas.

martes, 10 de abril de 2012

domingo, 8 de abril de 2012

Quedate tranquila ma, tenemos Patria

Me acaban de llamar mis viejos desde Córdoba. Ellos son laburantes de toda la vida: mi papá en la construcción, todavía con el mismo esfuerzo que le metía a los 20; mi vieja ama de casa, catequista, maestra particular, madraza, abuela, amiga. 
Este fin de semana recibieron visitas de otros familiares y amigos/conocidos: tilingos de clase media que replican con fiereza y convencidos el discurso de Clarín y La Nación (que, sabemos, son los gritos patoteros del bloque de clases dominantes), especuladores genéticos, antipolítica o gorilas acérrimos. 
Al parecer, recorrieron en sobremesas el espinel de la agenda mediática: "cerraron las importaciones", "inflación desmedida", "falta de medicamentos", "construcción parada" y no se qué sarta de guarangadas por el estilo. 
Entonces, me llaman mis padres como alarmados, como no queriendo entender esos argumentos que huelen mal. Me preguntan. Buscan argumentos. Me creen, porque les gusta la Presidenta. La quieren. Quieren confiar a pesar de la historia espesa que cargan en sus mochilas. Y lo hacen. "Me quedo tranquila entonces", me dice mi vieja cuando vamos a cortar. 


Quedate tranquila ma, TENEMOS PATRIA.


Nalbandian + Del Potro


sábado, 7 de abril de 2012

La lucha agonista ante la "democracia dialógica" y la corrupción


Sobre fin del año pasado los análisis políticos a corto y mediano plazo coincidían en una visión que tenía sustento en el contundente triunfo electoral que había conseguido la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner en las elecciones de octubre: la arena sobre la cual se debería asentar el debate político por venir debería ser un “terreno común de discusión, una agenda compartida que permita establecer acuerdos y disputas”. (Edgardo Mocca, “Lo que vendrá”, LE MONDE diplomatique edición 149. Noviembre 2011).

Esa intención estaba atada a una hipótesis que, se suponía, se desprendía del análisis de una realidad irrefutable (porque había sido cuantificada: más de 11,5 millones de votos): los poderes reales, la oposición política y mediática ya no podrían batallar sobre la legitimidad del ciclo de gobierno kirchnerista. Principalmente, porque sería una forma de soslayar la voluntad de una mayoría que, como pocas veces en la historia política del país, había confluido en un respaldo que contradecía las construcciones simbólicas y comunicacionales que el bloque de clases dominantes expresaba a través de sus medios y sus gerentes políticos.

Esta forma de abordar el análisis político parece un poco ingenua, pero en realidad se inscribe en la concepción de una democracia siglo XXI atravesada por lo que la politóloga Chantal Mouffe explica como “la creación de una esfera pública vibrante de lucha agonista, donde puedan confrontarse diferentes proyectos políticos hegemónicos”. Esta teoría viene a confrontar con lo que Mouffe describe como “un Zetigeist (clima intelectual y cultural de una época) pospolítico” que inspira “el ‘sentido común’ en la mayoría de las sociedades occidentales”: una segunda modernidad en donde las identidades colectivas están “debilitadas” y eso posibilita “un mundo sin enemigos”, una “democracia dialógica” que expresa una “visión antipolítica que se niega a reconocer la dimensión antagónica constitutiva de ‘lo político”. Según la politóloga belga esta teoría tiene como objetivo establecer un mundo “más allá de la izquierda y la derecha, más allá de la soberanía”, lo que revela “una falta total de comprensión de la dinámica de constitución de las identidades políticas” y que, además, contribuye a “exacerbar el potencial antagónico que existe en la sociedad”.

La tesis de Mouffe parece espejar (en al menos una dimensión) en la realidad política nacional: una fuerza política que ejerce la titularidad del Poder Ejecutivo a la que se le puede reconocer, como principal atributo, la voluntad política inquebrantable de generar debates que revisen los paradigmas que sustentaron la sociedad neoliberal de los últimos 35 años; y que lo hace desde su enfrentamiento con las corporaciones. Enfrente de ese movimiento, un archipiélago de expresiones políticas deshilachadas apenas cohesionadas por un autismo cerril, y formateadas por el discurso anacrónico que el bloque de clases dominantes produce en cadena a través de su dispositivo de medios.

¿Como se saldó ese choque (al menos en la instantánea del presente)? La respuesta es cuantitativamente implacable: 54%. Sin embargo, la imposibilidad de establecer una esfera de “lucha agonista” encorseta la democracia y le resta posibilidad de seguir adquiriendo volumen y, al mismo tiempo, la falta de esa lucha es funcional a los poderes reales que todavía buscan dirigir la democracia ataviados de eufemismos que endulzan algunos oídos desprevenidos (mercados, libertad de expresión, República –concepto vaciado salvajemente de contenido por los actores principales de la politiquería prime time y los relatores de la literatura política trending topic-).

UN DEBATE

Al mismo tiempo, un debate que resumía la intención de comprender más cabalmente el entramado de complejidades que condiciona las democracias del siglo XXI, atravesaba algunas unidades básicas kirchneristas: ¿era demasiado ingenua la pretensión de constituir una esfera de “lucha agonista”? Y al dar por descontado la desconexión de la realidad política con aquella tesis: ¿cuáles son las formas y las herramientas que las corporaciones adoptan para condicionar la democracia popular?

A diferencia de lo que ocurría dos décadas atrás, los poderes fácticos (la banca privada, la Embajada, el mundo financiero, cámaras patronales, las trasnacionales que monopolizan diversos sectores de la economía, la fuerza mediática concentrada) se ven obligados a participar de la política para legitimar su programa. Es decir, el partido militar y sus irrupciones de facto ya no son una posibilidad, por lo que se tornó imperiosos colonizar las estructuras partidarias y multiplicar furtivamente un sentido común a través de la cadena de medios conservadores (con Clarín como punta de lanza económica, y La Nación como ariete cultural).

“Considero que concebir el objetivo de la política democrática en términos de consenso y reconciliación –explica Mouffe en su libro “En torno a lo político”- no sólo es conceptualmente erróneo, sino que también implica riesgos políticos (…) En lugar de intentar diseñar instituciones que, mediante procedimientos supuestamente “imparciales”, reconciliarían todos los intereses y valores en conflicto, la tarea de los teóricos y políticos democráticos debería consistir en promover la creación de una esfera pública de lucha agonista, donde puedan confrontarse diferentes proyectos políticos hegemónicos”.

En estos términos, la respuesta a la pregunta de más arriba (¿cuáles son las formas y las herramientas que las corporaciones adoptan para condicionar la democracia popular?) encuentra respuesta en la empiria política de los últimos cuatro años, y en la farragosa agenda de la actualidad urgente (al menos, esa agenda que formatean los medios dominantes).

Para el lector medio de diarios, para el televidente que maneja rudimentos del discurso de la politiquería prime time, para el oyente modelo de las radios más poderosas (cajas de resonancia del sentido común metropolitanocéntrico y conservador), estos últimos años regalaron un par de consignas maquinales que se pueden reconocer a distancia: la búsqueda desesperada de consenso, la estigmatización de los debates con el concepto “crispación” como ariete, y la repetición insana (cuya finalidad última es expoliar el sentido profundo de los conceptos) de nociones como República, instituciones y gobernabilidad.

Toda esa construcción simbólica está inscripta en el “Zeitgeist pospolítico” que configura esa democracia libre de partisanos, “la buena gobernanza” funcional a los poderes reales.

¿Pero qué pasa cuando esa “democracia dialógica” (digitada a imagen y semejanza del bloque de clases dominantes) entre en conflicto, cuando sus paradigmas más importantes son puestos en discusión desde un ágora político resignificado en términos nacional-popular? Pues entonces, las herramientas y las formas que utiliza el poder real para condicionar la democracia se tornan explícitas: al repiqueteo cultural y comunicacional se suman las asfixias a las que pueden  someter (financiera, económica, de mercados) y la acción coordinada con diversos actores económico-fiancieros, políticos, institucionales y sociales (al presidente de Ecuador intentaron bajarlo a través de una revuelta policial –el autogobierno de las fuerzas-, las corridas bancarias son recurrentes a lo largo de la historia, los “golpes de mercado” –se acuerdan del debate por la resolución 125 y se acuerdan de Mariano Grondona y Biolcatti expresando sus más profundosdeseos por TV-).

Hay un concepto fundamental que vertebra la estrategia para erosionar las democracias populares que, en el inicio del siglo XXI, tamizan el subcontinente suramericano: corrupción. La corrupción es el condimento que sazona la “democracia dialógica” que dirigen los poderes reales, y el arma que utilizan para condicionar cuando deciden que algún gobierno, por razones programáticas, ya no es funcional.
  
La corrupción es el clivaje desde donde los medios, en conjunto con el arco político opositor conservador, se paran para generar un supuesto antagonismo entre los gobiernos terriblemente corruptos, y la sociedad ultrajada por estos. Es un camino para derrumbar legitimidades construidas con el voto popular. Es el burdo mecanismo para imponer una agenda venal. Es el paroxismo del honestismo y la decadencia comunicacional de las tribunas de doctrina. En Argentina, muchas veces esa estrategia se torna desembozada, grotesca: la realidad y la fantasía son mercancías intercambiables. Las técnicas utilizadas para construir estos castillos de naipes no reconocen límites y el realismo mágico es, en comparación, un expediente burocrático.

Es la búsqueda de concreción de la “democracia dialógica”: no hay antagonismos, no hay disputa entre proyectos políticos (sólo hay uno que busca imponerse dialécticamente desde lo político); en su lugar, hay un cuentito en clave Billiken que habla ligeramente de buenos y malos (que serían los partisanos a los que hay que expulsar del paraíso de la “buena gobernanza”). La literal desaparición de escena de alguna oposición política seria confirma la tesis.

Por estos días, no resulta difícil discernir entre quiénes y cómo buscan ampliar la democracia y la soberanía, de quiénes y cómo pretenden limitarla y achicarla para conducirla como lo hacían 35 años atrás.