domingo, 7 de julio de 2013

El consenso y las discusiones familiares: tópicos de la década ganada


Por @Uriel#TropaARG

Últimamente en nuestro país se viene dando un extraño fenómeno. En muchas familias, los asados y las juntadas no son lo mismo que hace tiempo. De repente papá y el tío, de tener una relación fluida pasaron a tener un marcado recelo; el abuelo no se habla más con el hermano, etc.

¿Qué pasó con nuestra familia que antes estaba tan unida? ¿Qué mal nos invade que se acabó el consenso familiar? La familia debe estar unida, como en la propaganda de agua saborizada, todos rubios y sonrientes.

Ante esta situación cabe reflexionar. ¿Hay una sola forma de familia? Un matrimonio y sus hijitos, todos en la mesa; la madre que llega con las pastas y el delantal con dibujitos, todos felices sin tensiones ni desacuerdos. ¿Esta situación es generalizada o es un ideal consumista? ¿Acaso este concepto de familia no tiene la intención de desmoralizar y de excluir a todas las demás formas “incorrectas” de familia?

En ese ideal de familia, la madre o el padre solteros quedan afuera, al igual que la abuela que vive con los nietos y obviamente las parejas de homosexuales. En cambio, la familia de un nieto apropiado podría encajar perfectamente en la forma correcta de familia.

 Yo digo que el ideal de familia responde a la ideología conservadora y patriarcal, donde los jóvenes no tienen voz ni voto, la madre cocina y el padre es la cabeza, la cual sostiene el consenso familiar de acuerdo a su ideología.

 Me gustaría resaltar una idea que hace un tiempo viene pasando de boca en boca y de la cual no se duda de su carácter “positivo”: el famoso consenso. Todos los periodistas y los opositores al gobierno nacional piden y predican el consenso. Pero, ¿qué clase de consenso piden? ¿Toda clase de consenso es bueno? ¿O lo que piden es la conformidad de los oprimidos ante un estado actual de las cosas, donde predomina la concentración de la riqueza por un lado y la injusticia por otro? ¿Acaso lo que piden no es la moderación de un gobierno que lucha para acabar con las injusticias?. Al igual que pedían el perdón para los milicos.

 Entonces: ¿realmente nos favorece el consenso familiar? El consenso, que antes contaban nuestras familias, no era acaso la sensación de frustración que se daba al percibir la imposibilidad de cualquier cambio. En la frustración… todos consensuábamos.

¿Son negativas las discusiones familiares? O estas nuevas peleas y discusiones son la consecuencia de un proyecto  que puso en el centro de la vida cotidiana la discusión política, una política activa y soberana, capaz de producir cambios, instándonos a reflexionar que tipo de transformaciones  uno anhela, para lograr un país mejor.

*Tiene 19 años, es militante de la Juventud Platense para la Victoria y estudiante de Sociología en la UNLP.