sábado, 12 de marzo de 2011

Huracán, Kirchnerismo, los Redondos y Juventud, ese sujeto



"Estoy en Vos" reza un inflable gigante que traza el perfil de Néstor Kirchner, mientras la tarde se convierte en tardecita y el sol, cayendo atrás de la popular local del Palacio Ducó, le agrega un tinte épico a un acto que ya es histórico.


Políticamente emocional. Emocionalmente político. CFK, la oradora principal, claro, abre explicitando uno de los 3 puntos sobre los que se asentó su alocución (homenaje a NK, el protagonismo de la Juventud y la forma de construcción inclusiva de cara a octubre). "Quiero decirles a todos y a todas que esta tarde, aquí en Huracán, no está la Presidenta de la República, está la compañera de todos ustedes. Y como compañera quiero pedirles a todos y a todas que este acto, de este 11 de marzo, sea en recuerdo y en homenaje a quien fuera mi compañero de toda la vida." Pum! Directo. No hay complejidad política en esas palabras, pero hay un mandoble sensitivo y simbólico que electrifica aún más un ámbito incandescente, en estado de ebullición: la Juventud, enorme mayoría en esas 80 mil personas que abarrotaron el estadio enclavado en Parque Patricios, responde con una ovación.

Ahí está entonces ese sujeto político que se incorporó al Kirchnerismo (seducido simbólicamente y también desde la frialdad emocionante de números palpables en la cotidianidad de "la gente"; enraizados en el proyecto por las posibilidades reales de realizar aportes significativos) para aportarle vitalidad, crítica, fidelidad, construcción de sentidos contra-hegemónicos, concepciones y praxis políticas construidas en tiempo real, configuradas en relación a los parámetros fundamentales del modelo y direccionadas al sostenimiento, mejoramiento y profundización del proyecto de país iniciado el 25 de mayo de 2003, ahí está entonces la Juventud: extasiada por el refuerzo simbólico a su identidad desde las palabras de la Presidenta.

Esa popular es una certeza icónica, conceptual y programática del Kirchnerismo y es, también, una pintura fiel de este tiempo histórico: la Juventud Sindical, el Movimiento Evita y La Cámpora comparten el espacio en una armonía superadora, conservando su matices. La heterogeneidad es catalizada por un proyecto que los incluye y por una conducción que los interpela y le exige protagonismo. Por eso, se aplaude y se ovaciona el reflejo emocional y, al mismo tiempo, se comparte la seguridad de que la importancia de ese acto y la presencia multitudinaria es una sentencia: CFK es la candidata (no importa cuando y como lo anuncie), la garante y conductora del modelo; la Juventud es uno de sus sostenes principales y debe ser el sujeto que garantice continuidad y profundización a partir del surgimiento y consolidación de cuadros político-técnicos que expresen kirchnerismo más allá de 2015.

Es que la Juventud es (o debe ser) más que el aguante y el Néstornauta, la batalla cultural y las redes sociales. Mejor: es todo eso (que es poco) y es también densidad política. De esa que empuja hacia los márgenes a los burócratas, gerenciadores de "kioscos polirubros" y autonomistas irremediables (algunos, tardíamente kirchneristas; otros adeptos a los panqueques electorales), pero que a su vez genera empatía popular y formas de construcción incluyentes, superadoras, colectivas en línea con el modelo de crecimiento con inclusión social. La Juventud sabe (o debería saberlo) que estas formas de construcción serán primordiales luego de un hipotético triunfo de CFK en octubre. Porque si algunos actores relevantes de la vida política argentina (a pesar de no ser justamente políticos) ya están tejiendo proyecto propios para 2015 e inclusive ya piensan en 2013 (mitad de un supuesto segundo mandato sin posibilidad de reelección) como la etapa de desmadre, ese animal político de dimensión extraordinaria que es CFK, sabe y trabaja en consecuencia para generar un mapa político conducido por los que ayer transpiraron y se apretujaron en las tribunas: de todos ellos tiene que salir un sucesor potable, genéticamente moldeado por este tiempo histórico y electoralmente potente para garantizar un ordenamiento vertical.

Pero 2015 parece estar lejos (aunque no lo esté) y las imágenes, colores y olores del viernes todavía están muy frescos, antes de meterse de lleno en los libros de la historia grande.

La puesta en escena regala pinturas casi oníricas: entre el humo de las bengalas, surcado por los rayos de luces de colores que salen desde el escenario, unos de los zepeling que cruza el cielo tiene impresa la cara de Kirchner. Es un esténcil vívido, la media sonrisa y el ojo estrávico del ex Presidente parecen un guiño cómplice con un acto íntimamente ligado al del año pasado, en misma fecha y por idéntico motivo, realizado en Ferro. Dice Cristina: “El pasado 11 de marzo, hace un año, yo no estaba aquí, había ido a Chile (…) cuando volví y nos encontramos (con Kirchner) al otro día, él me contó de aquel acto del 11 de marzo y me dijo que había sido un acto diferente, que ese día se habían comenzado a reconstruir vínculos, cercanías, proximidades. Después lo vivimos en el Bicentenario, ese 25 de Mayo memorable. (…) Y creo que su último acto de servicio fue también ese 27 de octubre cuando descubrimos de repente cuántas cosas había hecho y qué poco lo habían reconocido. Perdónenme, pero tengo que decirlo, se me va a romper el corazón si no lo digo.” Ovación y nuevo pedido: “para Cristina la reelección”.

CFK cierra el acto agradeciendo en nombre de sus hijos (Máximo y Florencia que se apretaban en la popular). Suena la marcha peronista y, enseguida, atrona “Juguetes Perdidos” de Los Redondos. Ahí, en esa conjunción, reside otro de los éxitos del Kirchnerismo: la construcción de un relato, la resignificación de los símbolos, la seducción desde la ideología y la cultura y el arte popular. Todo aquello quedó irremediablemente ligado al Kirchnerismo porque los jóvenes, los principales dueños de las obras de los artistas, desentraman las canciones en clave política y el enemigo ya no es el Presidente, porque la política volvió a estar al alcance de la mano y es, otra vez, una herramienta para la transformación; y los artistas, dueños parciales de sus obras, direccionan el poder de sus obras porque ellos mismos, se dan cuenta y lo hacen explícito, se sienten identificados e incluidos.

Es el caso de Los Redonditos de Ricota: la complejidad de sus letras, la belleza de la métrica musical, lo revulsivo y la densidad de su contenido son análogas al este período de gobierno Kirchnerista. Ocho años repletos de complejidad, de ardoroso debate que fueron almácigas de cambios e hitos pletóricos de belleza política porque, en definitiva, son años de inclusión, restitución, ampliación y generación de derechos, de dignidad y soberanía. Por eso, y por más, la Juventud hizo temblar Huracán.

1 comentario:

tongchen@seattle dijo...

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