ENTRA LA ICONOCLASIA Y LA NUESTRA
*Publicado en diario Diagonales
El final de la década de 1990 marcó la eclosión del neoliberalismo salvaje que, de la mano de la impunidad menemista, hizo estallar por el aire la economía; vació de contenido a la política y a la cultura y atomizó a la sociedad, que quedó sumergida en el individualismo feroz.
Así las cosas, el inicio del siglo XXI fue el escenario de una especie de diáspora: miles de argentos dejaban el país en busca de coyunturas que les permitieran desarrollar sus proyectos de vida. España fue, entonces, uno de los destinos que representaban la tierra prometida. Hacia allá fueron muchos de los compatriotas emergentes del proyecto neoliberal que el Consenso de Washington ideó para Latinoamérica, y que tan bien ejecutó aquí el riojano innombrable.
Durante varios años escuchamos los cuentos de los argentos que pontificaban acerca de las bondades de un país que les permitía limpiar sus inodoros, barrer sus veredas y atender sus puestos de hamburguesas a cambio de unos jugosos euros. ¡Que viva España! Que país esplendoroso. Un modelo de nación moderna y civilizada.
INCORREGIBLES. ¿Que tendrá que ver toda esa perorata resentida con el duelo que protagonizarán a las 17, en el estadio Monumental, la pequeña Argentina del DT interino Batista y la glamorosa máquina española, campeona del mundo?
La coincidencia es que, como durante los ‘90, ahora recibimos a España como el paradigma de cómo se debe jugar al fútbol; nos babeamos con los toques de Iniesta, Xavi y compañía y con “la seriedad de su proyecto futbolístico integral” (como si supiéramos de qué se trata).
Es el atavismo argento que, en su sentido común heredado de la Generación del 80 (Roca, Juárez Celman, Carlos Pellegrini, etc) y continuado con ferocidad y sin talento desde 1976 hasta 2003, se basa en el eurocentrismo absurdo. Ahora queremos jugar como España. Queremos ser España. Pero no caemos en la cuenta que la Máquina de River (Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna, Loustau en 1940) ya hacía lo que hacen los españoles.
Como también nos damos cuenta, se dan cuenta, que los argentos vuelven a montones desde España porque el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero afronta la crisis con recortes y ajustes. La misma crisis que sorteó con relativo éxito el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con la receta inversa: aumentando el gasto público para mantener puestos de trabajos, niveles de consumo y poder adquisitivo.
Se amontonan en Ezeiza los que vuelven. ¿Y la receta para llegar al Edén?
Así recibimos a España, en medio de escandalosas pleitesías. La genuflexión de una forma de jugar al fútbol que es más vieja que Villa, Puyol y Vicente del Bosque. Es la receta más sudamericana que existe pero que, durante mucho tiempo, despreciamos por arcaica. Por argenta (reflujos neoliberales futboleros).
El partido, como espectáculo, es majestuoso. Dos de las mejores selecciones del planeta. Pero la importancia es vital para Batista: la improvisación manda y, si saca un resultado decoroso, por ahí sigue en el cargo. Para eso, se diferencia de Maradona y convoca a Zanetti o Cambiasso, como síntoma de su plan de cara a Brasil 2014.
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martes, 7 de septiembre de 2010
miércoles, 28 de julio de 2010
"GRONDONA ME MINTIÓ Y BILARDO ME TRAICIONÓ"
Algunas de las frases que dejó Maradona en la conferencia en la que contó su parte de la verdad de su alejamiento de la Selección Argentina.
"Grondona me mintió, Bilardo me traicionó".
"Post alemania, Grondona me expresó su conformidad y el deseo de que yo siguiera".
"En la reunión de ayer, Grondona me bajó a 7 colaboradores".
"Tengo códigos que no tienen ellos".
"Mientras estaba de luto, Bilardo trabajaba en las sombras para echarme".
"Le digo al próximo entrenador de la Selección: la traición está a la vuelta de la esquina, hay personajes que no quieren bien al futbol argentino y que sólo cuidan su cuenta bancaria".
"Me voy con la conciencia tranquila de haber dejado todo y haber intentado transmitir este orgullo de ser argentino".
"Grondona me mintió, Bilardo me traicionó".
"Post alemania, Grondona me expresó su conformidad y el deseo de que yo siguiera".
"En la reunión de ayer, Grondona me bajó a 7 colaboradores".
"Tengo códigos que no tienen ellos".
"Mientras estaba de luto, Bilardo trabajaba en las sombras para echarme".
"Le digo al próximo entrenador de la Selección: la traición está a la vuelta de la esquina, hay personajes que no quieren bien al futbol argentino y que sólo cuidan su cuenta bancaria".
"Me voy con la conciencia tranquila de haber dejado todo y haber intentado transmitir este orgullo de ser argentino".
domingo, 4 de julio de 2010
viernes, 2 de julio de 2010
MARADONA YA GANÓ: TEOLOGÍA DE UN FRACASO LATENTE
Maradona ya ganó, aunque para evitar la crucifixión hace falta otro milagro que venga a tomar por asalto la teología universal: la confirmación empírica de la presencia de Dios en la tierra...o al menos en Argentina.
Contratapa suple deportivo Diagonales: Teologia de un fracaso atente
Contratapa suple deportivo Diagonales: Teologia de un fracaso atente
jueves, 1 de julio de 2010
ARGENTINA VS. ALEMANIA: UNA HISTORIA MUNDIAL
Gran tarea de la sección deportes del diario Diagonales, que realizó un recorrido histórico de los enfrentamientos mundialistas entre argentinos y alemanes que, según parece,están todos muy nerviosos.
Diagonales, suplemento deportivo "Plaza Mundial", pag.6 1/7/2010
Diagonales, suplemento deportivo "Plaza Mundial" pag.07 1/7/2010
Diagonales, suplemento deportivo "Plaza Mundial", pag.6 1/7/2010
Diagonales, suplemento deportivo "Plaza Mundial" pag.07 1/7/2010
lunes, 28 de junio de 2010
martes, 22 de junio de 2010
EL PACIENTE ARGENTINO
La unión íntima que hay entre "El paciente inglés" (película ganadora del Oscar en 1996) y esta más que humilde columna es que coinciden en el disparador de la trama: una historia de amor. Como (casi) todas las historias, en realidad.
Ahí está Gabriel Palermo, llorando de emoción en la tribuna cuando el Titán, su hermano, pisa la cancha. Ahí está “el grupo” (como dice Maradona) festejando ese gol del goleador histórico de Boca como si fuera el que define el campeonato. Es que todos saben del esfuerzo monumental (vale la paradoja) de Palermo y lo que significa ese grito mundial. Es el aura de Palermo. Es lo que genera su espíritu. Es Palermo Hollywood: el sesgo de fábula mitológica de la vida del Titán supera la ficción yanqui. Es un gol del grupo.
Ahí está Diego, arrodillado en el piso, lamentándose por ese palo artero que le niega a Messi reeditar su ya lejana conquista mundial ante Serbia en 2006. Es Maradona el principal interesado en que el Enano se corporice en el papel protagónico de la remake de aquel México 86.
¿Is this love that i’m feeling? Yes, i know now (Marley dixit).
¿Espartanos? Espantan hermano! Pero la cuestión es la paciencia. Y aquí la diferencia ocn la película. No se trata de un enfermo en recuperación (¿o si?) sino de la calma del equipo argentino.
Los 77 efímeros minutos en los que Argentina trabajó el partido ante el rudimentario y disciplinado equipo heleno, herederos (¿?) del espíritu guerrero de aquellos 300 espartanos que contuvieron al fastuoso ejército persa en el desfiladero de las Termópilas.
Como ante las tropas de Jerjes (líder persa), estos griegos conducidos por el simpático alemán Otto Rehhagel se sabían en clara desventaja técnica, individual y colectiva y salieron con un sólo objetivo: aguantar la mecha.
El tema es que aquellos guerreros espartanos eran expertos en el arte de la guerra, que consiste en defender y atacar.
Pero estos contemporáneos griegos apenas cumplieron con la mitad de la faena. Defendieron muy bien (vale decir que con este planteo y con varios de los hombres que estuvieron ayer en cancha, ganaron la Eurocopa 2004) pero jamás se les pasó por la cabeza atacar colectivamente.
En ese contexto el equipo nacional, muy bien conducido por Verón, tuvo la infinita paciencia de buscar los caminos adecuados para vulnerar la defensa del rival. El resultado era inexorable, pero el desafío mantener la calma y la mente diáfana. Y Argentina lo logró.
La Selección intentó con conexiones cortitas y a velocidad sideral (por el medio esencialmente, aunque también por las bandas, sobre todo con el tándem Clemente-Verón), con pelota parada, con pases largos profundos, con remates de media y larga distancia, con el rezo y las diatribas de Diego, con los cambios de hombres y de esquemas que propuso el DT.
Argentina le tiró con todo a los estoicos griegos (que no se sabe que defendían: ni un imperio ni la grandeza -eso era Roma ¿no?- ni la clasificación, porque el empate no le alcanzaba): en un momento estaban en cancha Verón, Bolatti, Di María, Pastore, Messi y el Titán.
Tiki Tiki, taca- taca. Maradona entendió, otra vez, lo que pedía el partido. Sus cambios, de nuevo, le dieron aire al equipo.
Y después del primer grito argento (Demichelis maquilló otro partido flojito), Grecia no tocó más la pelota. No pudo, porque el equipo de Diego la escondió, se divirtió y marcó el segundo. Y ganó. La primera fase fue perfecta. Ahora llega lo difícil.
PD: Perdón, Clemente.
Ahí está Gabriel Palermo, llorando de emoción en la tribuna cuando el Titán, su hermano, pisa la cancha. Ahí está “el grupo” (como dice Maradona) festejando ese gol del goleador histórico de Boca como si fuera el que define el campeonato. Es que todos saben del esfuerzo monumental (vale la paradoja) de Palermo y lo que significa ese grito mundial. Es el aura de Palermo. Es lo que genera su espíritu. Es Palermo Hollywood: el sesgo de fábula mitológica de la vida del Titán supera la ficción yanqui. Es un gol del grupo.
Ahí está Diego, arrodillado en el piso, lamentándose por ese palo artero que le niega a Messi reeditar su ya lejana conquista mundial ante Serbia en 2006. Es Maradona el principal interesado en que el Enano se corporice en el papel protagónico de la remake de aquel México 86.
¿Is this love that i’m feeling? Yes, i know now (Marley dixit).
¿Espartanos? Espantan hermano! Pero la cuestión es la paciencia. Y aquí la diferencia ocn la película. No se trata de un enfermo en recuperación (¿o si?) sino de la calma del equipo argentino.
Los 77 efímeros minutos en los que Argentina trabajó el partido ante el rudimentario y disciplinado equipo heleno, herederos (¿?) del espíritu guerrero de aquellos 300 espartanos que contuvieron al fastuoso ejército persa en el desfiladero de las Termópilas.
Como ante las tropas de Jerjes (líder persa), estos griegos conducidos por el simpático alemán Otto Rehhagel se sabían en clara desventaja técnica, individual y colectiva y salieron con un sólo objetivo: aguantar la mecha.
El tema es que aquellos guerreros espartanos eran expertos en el arte de la guerra, que consiste en defender y atacar.
Pero estos contemporáneos griegos apenas cumplieron con la mitad de la faena. Defendieron muy bien (vale decir que con este planteo y con varios de los hombres que estuvieron ayer en cancha, ganaron la Eurocopa 2004) pero jamás se les pasó por la cabeza atacar colectivamente.
En ese contexto el equipo nacional, muy bien conducido por Verón, tuvo la infinita paciencia de buscar los caminos adecuados para vulnerar la defensa del rival. El resultado era inexorable, pero el desafío mantener la calma y la mente diáfana. Y Argentina lo logró.
La Selección intentó con conexiones cortitas y a velocidad sideral (por el medio esencialmente, aunque también por las bandas, sobre todo con el tándem Clemente-Verón), con pelota parada, con pases largos profundos, con remates de media y larga distancia, con el rezo y las diatribas de Diego, con los cambios de hombres y de esquemas que propuso el DT.
Argentina le tiró con todo a los estoicos griegos (que no se sabe que defendían: ni un imperio ni la grandeza -eso era Roma ¿no?- ni la clasificación, porque el empate no le alcanzaba): en un momento estaban en cancha Verón, Bolatti, Di María, Pastore, Messi y el Titán.
Tiki Tiki, taca- taca. Maradona entendió, otra vez, lo que pedía el partido. Sus cambios, de nuevo, le dieron aire al equipo.
Y después del primer grito argento (Demichelis maquilló otro partido flojito), Grecia no tocó más la pelota. No pudo, porque el equipo de Diego la escondió, se divirtió y marcó el segundo. Y ganó. La primera fase fue perfecta. Ahora llega lo difícil.
PD: Perdón, Clemente.
jueves, 17 de junio de 2010
DE PIPA, TRES PEPAS: EL KU(LO)N DE MARADONA
Lisérgico. El tercer Hattrick de un argento en la historia de los Mundiales (Stábile en 1930; Batistuta en USA 94 y Francia 98) llegó de la mano del Pipa Higuaín y, debido al capricho de la casualidad divina (que es lo mismo decir que fue producto de la causalidad maradoniana, ¿no?) sobrevino un éxito rotundo desde el resultado que dejó a la Selección muy cerquita de los octavos de final.
Lo maradoniano, por antonomasia, es lo exótico: cuando a los 29 minutos del segundo tiempo Diego hizo entrar a Sergio Agüero por Tévez, no parecía que la modificación iba a tener tanta influencia en el desenlace de un duelo que, casi inexplicablemente, se le había complicado a la Argentina.
Lo exótico, lo terriblemente seductor de lo maradoniano es el efecto narcótico de sus acciones. Dos minutos después de haber ingresado, el Kun armó con Messi la jugada que terminó en el segundo gol del Pepita (sic) para definir el pleito contra la banda de Kato y Go In Pak (los ninjas coreanos de Titanes en el Ring y Lucha Fuerte). ¿Cuántas patadas pegaron los asiáticos?
Cuatro minutos después del tercer gol, el yerno sirvió la asistencia para que el goleador de la competencia (hasta acá) sentenciara el match. Un flash. Un viaje fulminante: en 5 minutos Argentina pasó del aplastamiento mortecino y el sufrimiento al éxtasis total, al delirio cósmico y pasajero. Porque es goleada, porque es clasificación casi asegurada. Y eso es fiesta. El jugador nacido y educado futbolísticamente en las inferiores de Independiente fue determinante en el desenlace.
Es el Ku(lo)n de Maradona: ¿cuánto de fortuito y cuánto de lectura entre líneas del desarrollo tuvo el cambio Kun por Carlitos? Sólo Dios lo sabe. Y Maradona también (tranquilos, las herejías paganas tienen un límite)
LA TENÉS PARADA. Si el desenlace de la Kunfields lisérgica de las tres pepas se definió con la mano de Dios (por casualidad o causalidad, que importa ahora ¿verdad Toti?), el nudo del partido comenzó a desentramarse a partir de la parada. Del balón detenido. De las jugadas de laboratorio. Sí, a pesar de las siestas interminables de un cuerpo técnico que trabaja poco (disculpen ustedes, pero es lo que aprendí mirando mucha tele y leyendo algunos diarios), los 3 primeros goles de la Selección llegaron a partir de jugadas diagramadas desde la pelota parada.
Ante los coreanos, Argentina abrió el marcador y aumentó la ventaja con dos balones detenidos a pesar de la ausencia de Sebastián Verón, uno de los especialistas: centro preciso de Messi buscando el primer palo en la conquista iniciática (Demichelis, solo, no pudo conectar por delante de todos y, por detrás de Chu Young, aparecía relamiéndose en soledad el Gringuito Heinze); toque corto de Messi para Maxi (la rima vocal es casual, y esta también) a la salida de un tiro libre que llega flojito para que la peine Burdisso (respondió muy bien) y defina por atrás el goleador peposo.
Trabajo. Dedicación. Estudio. Planificación. Capacidad. Técnica. Táctica. Ubicuidad estratégica.
No, no es culpa de las 3 pepas. No está delirando. No estamos hablando del equipo de Dunga (que susto al final contra los otros coreanos! no Brasil?) ni del conjunto trasandino del Loco Bielsa (un grosso). Esto es el equipo de Diego, que armó la Kunfields en Johannesburgo con las 3 pepas del Pipita.
PD: pero que bien que arrancó España chaval!
Lo maradoniano, por antonomasia, es lo exótico: cuando a los 29 minutos del segundo tiempo Diego hizo entrar a Sergio Agüero por Tévez, no parecía que la modificación iba a tener tanta influencia en el desenlace de un duelo que, casi inexplicablemente, se le había complicado a la Argentina.
Lo exótico, lo terriblemente seductor de lo maradoniano es el efecto narcótico de sus acciones. Dos minutos después de haber ingresado, el Kun armó con Messi la jugada que terminó en el segundo gol del Pepita (sic) para definir el pleito contra la banda de Kato y Go In Pak (los ninjas coreanos de Titanes en el Ring y Lucha Fuerte). ¿Cuántas patadas pegaron los asiáticos?
Cuatro minutos después del tercer gol, el yerno sirvió la asistencia para que el goleador de la competencia (hasta acá) sentenciara el match. Un flash. Un viaje fulminante: en 5 minutos Argentina pasó del aplastamiento mortecino y el sufrimiento al éxtasis total, al delirio cósmico y pasajero. Porque es goleada, porque es clasificación casi asegurada. Y eso es fiesta. El jugador nacido y educado futbolísticamente en las inferiores de Independiente fue determinante en el desenlace.
Es el Ku(lo)n de Maradona: ¿cuánto de fortuito y cuánto de lectura entre líneas del desarrollo tuvo el cambio Kun por Carlitos? Sólo Dios lo sabe. Y Maradona también (tranquilos, las herejías paganas tienen un límite)
LA TENÉS PARADA. Si el desenlace de la Kunfields lisérgica de las tres pepas se definió con la mano de Dios (por casualidad o causalidad, que importa ahora ¿verdad Toti?), el nudo del partido comenzó a desentramarse a partir de la parada. Del balón detenido. De las jugadas de laboratorio. Sí, a pesar de las siestas interminables de un cuerpo técnico que trabaja poco (disculpen ustedes, pero es lo que aprendí mirando mucha tele y leyendo algunos diarios), los 3 primeros goles de la Selección llegaron a partir de jugadas diagramadas desde la pelota parada.
Ante los coreanos, Argentina abrió el marcador y aumentó la ventaja con dos balones detenidos a pesar de la ausencia de Sebastián Verón, uno de los especialistas: centro preciso de Messi buscando el primer palo en la conquista iniciática (Demichelis, solo, no pudo conectar por delante de todos y, por detrás de Chu Young, aparecía relamiéndose en soledad el Gringuito Heinze); toque corto de Messi para Maxi (la rima vocal es casual, y esta también) a la salida de un tiro libre que llega flojito para que la peine Burdisso (respondió muy bien) y defina por atrás el goleador peposo.
Trabajo. Dedicación. Estudio. Planificación. Capacidad. Técnica. Táctica. Ubicuidad estratégica.
No, no es culpa de las 3 pepas. No está delirando. No estamos hablando del equipo de Dunga (que susto al final contra los otros coreanos! no Brasil?) ni del conjunto trasandino del Loco Bielsa (un grosso). Esto es el equipo de Diego, que armó la Kunfields en Johannesburgo con las 3 pepas del Pipita.
PD: pero que bien que arrancó España chaval!
¿What? La otra cara del fútbol
LaOtraCara Copyright
lunes, 14 de junio de 2010
VOTAR CON EL CONTROL REMOTO: 63 PUNTOS
Psssss..."a mí me votan todos los días con el control remoto".
Una celebrity del dispositivo mediático hegemónico acuñó la frase incial de este post como para afirmar aquella pedorrada histórica del periodismo como cuarto poder y como para blandir una supuesta simbiosis con "la gente", en medio de una disputa retórica con algún dirigente polñitico...
Así las cosas y siguiendo la huella dialéctica que tan brillantemente nos marcara el jetón ramplón de TN, nosotro decimos: para 2011, la dupla presidencial por el oficialismo debería ser Maradona-Mancuso. Sí papá; cómo no va a ser ese dúo si el debut de Argentina en el Mundial midió más de 63 puntos. Pssss, es el valioso voto virtual no? con el control remoto vía LCD en 50 cuotitas fijas y en Patacones.
Seguimos entonces la senda que Lucas Carrasco, lisérgicamente, comenzó a marcar el ¿domingo? vía tuiter (TWITTER) cuando especulaba alegremente y tiró algunas duplas de cara a 2011 (Kirchner-Sabbatella; Binner-Alfonsín, Reutemann-Solá). Sin embargo, Carrasco parece no estar de acuerdo con los postulantes de La Otra Cara porque nos bajó a Mancu y puso a un tan Lionel...¿les parece?
A continuación, el cable completo de Télam con el detalle de las mediciones.
El debut de la selección nacional de fútbol en el Mundial Sudáfrica 2010 ante Nigeria promedió 63.2 puntos de rating entre las emisiones de Canal 7 y Telefé realizadas en esta ciudad y en el Gran Buenos Aires, informó la medidora Ibope.
En 2006 el primer partido de la selección jugado el sábado 10 de junio contra Costa de Marfil promedió, sumando los cuatro canales de aire que lo transmitieron, 68.8 puntos. Es decir que el primer partido del Mundial Sudáfrica 2010 de la Selección Argentina promedió 5.6 puntos menos que el primer partido que jugó Argentina en el Mundial de 2006.
Las elevadas mediciones se deben a que esos canales son los únicos que transmiten los partidos de Argentina en la televisión abierta, a diferencia del mundial de Alemania 2006 que se distribuyó entre América Televisión, Canal 9, Telefé y Canal 13.
El sábado a las 11 la Selección Argentina se enfrentó con el seleccionado de Nigeria y Telefé logró 47.9 puntos, Canal 7 tuvo 15.3 unidades, solamente en el área de Capital Federal y el Gran Buenos Aires. El promedio de Telefé es el más alto obtenido por ese canal desde el 2 de julio de 2007.
El rating del Concierto de Apertura Sudáfrica 2010 midió 6.3 puntos por Canal 7. El viernes, el partido inaugural del mundial, entre Uruguay y Francia, promedió 28.2 por Telefé y fue lo más visto de ese día y la medición más alta para Telefé en lo que va del año. También ese día el cotejo entre Sudáfrica y México marcó 9.9 unidades de rating por Canal 7 y fue lo más visto en ese canal.
El domingo, el partido entre Alemania y Australia macró 26.5 puntos de rating por Telefé, le siguieron "Post partido" (Telefé-20.1), Susana Giménez (Telefé-18.1), "Cine Telefé Domingo" con el filme Quieren volverme loco" (Telefé-14.9), y "Los Simpson" (Telefé-12.8). Telefé encabezó el domingo el rating por emisoras con 15.2 puntos, seguido por El Trece con 6.6, Canal 9 con 4.6, América Televisión con 4.3 y Canal 7 con 2.5.
Una celebrity del dispositivo mediático hegemónico acuñó la frase incial de este post como para afirmar aquella pedorrada histórica del periodismo como cuarto poder y como para blandir una supuesta simbiosis con "la gente", en medio de una disputa retórica con algún dirigente polñitico...
Así las cosas y siguiendo la huella dialéctica que tan brillantemente nos marcara el jetón ramplón de TN, nosotro decimos: para 2011, la dupla presidencial por el oficialismo debería ser Maradona-Mancuso. Sí papá; cómo no va a ser ese dúo si el debut de Argentina en el Mundial midió más de 63 puntos. Pssss, es el valioso voto virtual no? con el control remoto vía LCD en 50 cuotitas fijas y en Patacones.
Seguimos entonces la senda que Lucas Carrasco, lisérgicamente, comenzó a marcar el ¿domingo? vía tuiter (TWITTER) cuando especulaba alegremente y tiró algunas duplas de cara a 2011 (Kirchner-Sabbatella; Binner-Alfonsín, Reutemann-Solá). Sin embargo, Carrasco parece no estar de acuerdo con los postulantes de La Otra Cara porque nos bajó a Mancu y puso a un tan Lionel...¿les parece?
A continuación, el cable completo de Télam con el detalle de las mediciones.
El debut de la selección nacional de fútbol en el Mundial Sudáfrica 2010 ante Nigeria promedió 63.2 puntos de rating entre las emisiones de Canal 7 y Telefé realizadas en esta ciudad y en el Gran Buenos Aires, informó la medidora Ibope.
En 2006 el primer partido de la selección jugado el sábado 10 de junio contra Costa de Marfil promedió, sumando los cuatro canales de aire que lo transmitieron, 68.8 puntos. Es decir que el primer partido del Mundial Sudáfrica 2010 de la Selección Argentina promedió 5.6 puntos menos que el primer partido que jugó Argentina en el Mundial de 2006.
Las elevadas mediciones se deben a que esos canales son los únicos que transmiten los partidos de Argentina en la televisión abierta, a diferencia del mundial de Alemania 2006 que se distribuyó entre América Televisión, Canal 9, Telefé y Canal 13.
El sábado a las 11 la Selección Argentina se enfrentó con el seleccionado de Nigeria y Telefé logró 47.9 puntos, Canal 7 tuvo 15.3 unidades, solamente en el área de Capital Federal y el Gran Buenos Aires. El promedio de Telefé es el más alto obtenido por ese canal desde el 2 de julio de 2007.
El rating del Concierto de Apertura Sudáfrica 2010 midió 6.3 puntos por Canal 7. El viernes, el partido inaugural del mundial, entre Uruguay y Francia, promedió 28.2 por Telefé y fue lo más visto de ese día y la medición más alta para Telefé en lo que va del año. También ese día el cotejo entre Sudáfrica y México marcó 9.9 unidades de rating por Canal 7 y fue lo más visto en ese canal.
El domingo, el partido entre Alemania y Australia macró 26.5 puntos de rating por Telefé, le siguieron "Post partido" (Telefé-20.1), Susana Giménez (Telefé-18.1), "Cine Telefé Domingo" con el filme Quieren volverme loco" (Telefé-14.9), y "Los Simpson" (Telefé-12.8). Telefé encabezó el domingo el rating por emisoras con 15.2 puntos, seguido por El Trece con 6.6, Canal 9 con 4.6, América Televisión con 4.3 y Canal 7 con 2.5.
sábado, 12 de junio de 2010
ESPÍRITU...RELOADED
El repiqueteo mediático masivo nos aleccionó en la previa del Mundial y nos regaló 1 consigna revulsiva (en realidad, repulsiva, pero dejemoslo ahí): hay poco trabajo ¿y la pelota parada? ¿y los doble turnos? ¿no duerme demasiada siesta Maradona?
Un rato antes (hace como 2 años), desde las mismas pantallas high-definition o desde los centímetros de ese papel apropiado con singular crapulencia nos instruyeron acerca de lo nocivo de la presencia de Gabriel Heinze para la Selección: porque es un perro y porque, además, es “camarillero”.
El debut ante Nigeria comienza a destruir, con resultados y con rendimiento, algo de aquellas verdades reveladas.
FESTEJAR, SENTIR, JUGAR (UN POCO). Lo festejan con el alma: casi con taquicardia y con la vena inflamada. Esfuerzo puro, el trajín del partido deja huellas en esos rostros desencajados no por la fatiga, sino por la explosión espiritual: Argentina acaba de ganar en su debut mundialista y las imágenes hilvanan un flashback fulminante con escalas en La Paz (¡cómo dobla la pelota!), Rosario (Brasil, la la la la lá), Monumentalazo palermitano (El Titán de la gente), Montevideo (chupala vo'), Ezeiza y Pretoria.
Jonás Gutiérrez y el Gringo Heinze son la clave de un triunfo iniciático.
GALGEANDO. El Galgo estalla y su fibrosa fisonomía llega al paroxismo anatómico: el grito liberador consume la última porción de una reserva energética hecha jirones y los músculos se le marcan hasta en la cara a Jonás. Parece un póster de esos que hay en los consultorios o en los gimnasios en los que la silueta humana muestra todos los músculos del cuerpo. Pero con alma. Con espíritu. Se agacha Jonás y, espasmódicamente, salta. Tira un ganchito. Festeja el éxito, pegado al banco de suplentes. Esa es la postal. Mejor: una de las 3 postales.
Es que Gutiérrez jugó bastante mal. En realidad, jugó un PT espantoso y la pasó menos mal en el complemento. Porque jugó en una posición que de tan híbrida no puedo decir bien que fue: ni 4 ni 8; ni lateral ni mediocampista derecho. Entre la complejidad esquemática (mucho terreno para cubrir en desventaja numérica) y ciertas falencia propias (falló en varios cierres accesibles), Jonás quedó a medio camino casi siempre. Sin embargo, fue un batallador incansable, inquebrantable. Fue y vino, como pudo, subido en la certeza fulminante de estar aportando la undécima parte (o la vigesimotercera parte) de lo que le corresponde en pos de un objetivo superador.
Entonces, cuando el partido terminó, supo que la tarea estaba cumplida. Y lo festejó como un guerrero.
DE CRESPO, ENTRE RÍOS. ¡El Gringuito! ¡El Rusito! El grito es filial, cosanguíneo. Es que mi paisano entrerriano, el tipo más vapuleado por la "elite periodística", por los jetones ramplones, acababa de clavar un cabezazo magistral para convertir el gol del triunfo. Una boludez che!
Además, jugó un muy buen partido Heinze. El tipo que es vital en este grupo que armó, con calidad de orfebre, Maradona. Del tipo que, además, es fundamental en el esquema por su capacidad futbolística.
Una confidencia que está bien que no crean, aunque es verdad: en la semana, cargaba a un compañero del diario que desprecia (futbolísticamente, claro) al Gringo. Le decía, medio en joda medio en serio: Heinze y Messi, las figuras de Argentina. ¡Se cansa de hacer goles en el Mundial el Gruinguito! le solté en una hipérbole bien maradoniana.
Ahí va Heinze, extasiado, en busca del banco de suplentes para festejar el gol. Imagínense ustedes el flashback del Gringo mientras va levitando sobre el césped del Ellis Park: ¿tendrá a quien dedicarle el gol, el gringo de Crespo, Entre Rios? Aquí, entonces, hay otra postal: gol del perro en una jugada de pelota parada. ¿Jaque mate? Todavía falta mucho.
La energía de Heinze es debordante. Su compromiso, como el de Jonás, es un trance casi onírico en pos de un mandato histórico. El abrazo colectivo en el centro del campo de juego, con Maradona como epicentro, es la postal final. La foto del compromiso. La instantánea del sueño. La fotocopia del espíritu.
PD: Messi la rompió toda.
Un rato antes (hace como 2 años), desde las mismas pantallas high-definition o desde los centímetros de ese papel apropiado con singular crapulencia nos instruyeron acerca de lo nocivo de la presencia de Gabriel Heinze para la Selección: porque es un perro y porque, además, es “camarillero”.
El debut ante Nigeria comienza a destruir, con resultados y con rendimiento, algo de aquellas verdades reveladas.
FESTEJAR, SENTIR, JUGAR (UN POCO). Lo festejan con el alma: casi con taquicardia y con la vena inflamada. Esfuerzo puro, el trajín del partido deja huellas en esos rostros desencajados no por la fatiga, sino por la explosión espiritual: Argentina acaba de ganar en su debut mundialista y las imágenes hilvanan un flashback fulminante con escalas en La Paz (¡cómo dobla la pelota!), Rosario (Brasil, la la la la lá), Monumentalazo palermitano (El Titán de la gente), Montevideo (chupala vo'), Ezeiza y Pretoria.
Jonás Gutiérrez y el Gringo Heinze son la clave de un triunfo iniciático.
GALGEANDO. El Galgo estalla y su fibrosa fisonomía llega al paroxismo anatómico: el grito liberador consume la última porción de una reserva energética hecha jirones y los músculos se le marcan hasta en la cara a Jonás. Parece un póster de esos que hay en los consultorios o en los gimnasios en los que la silueta humana muestra todos los músculos del cuerpo. Pero con alma. Con espíritu. Se agacha Jonás y, espasmódicamente, salta. Tira un ganchito. Festeja el éxito, pegado al banco de suplentes. Esa es la postal. Mejor: una de las 3 postales.
Es que Gutiérrez jugó bastante mal. En realidad, jugó un PT espantoso y la pasó menos mal en el complemento. Porque jugó en una posición que de tan híbrida no puedo decir bien que fue: ni 4 ni 8; ni lateral ni mediocampista derecho. Entre la complejidad esquemática (mucho terreno para cubrir en desventaja numérica) y ciertas falencia propias (falló en varios cierres accesibles), Jonás quedó a medio camino casi siempre. Sin embargo, fue un batallador incansable, inquebrantable. Fue y vino, como pudo, subido en la certeza fulminante de estar aportando la undécima parte (o la vigesimotercera parte) de lo que le corresponde en pos de un objetivo superador.
Entonces, cuando el partido terminó, supo que la tarea estaba cumplida. Y lo festejó como un guerrero.
DE CRESPO, ENTRE RÍOS. ¡El Gringuito! ¡El Rusito! El grito es filial, cosanguíneo. Es que mi paisano entrerriano, el tipo más vapuleado por la "elite periodística", por los jetones ramplones, acababa de clavar un cabezazo magistral para convertir el gol del triunfo. Una boludez che!
Además, jugó un muy buen partido Heinze. El tipo que es vital en este grupo que armó, con calidad de orfebre, Maradona. Del tipo que, además, es fundamental en el esquema por su capacidad futbolística.
Una confidencia que está bien que no crean, aunque es verdad: en la semana, cargaba a un compañero del diario que desprecia (futbolísticamente, claro) al Gringo. Le decía, medio en joda medio en serio: Heinze y Messi, las figuras de Argentina. ¡Se cansa de hacer goles en el Mundial el Gruinguito! le solté en una hipérbole bien maradoniana.
Ahí va Heinze, extasiado, en busca del banco de suplentes para festejar el gol. Imagínense ustedes el flashback del Gringo mientras va levitando sobre el césped del Ellis Park: ¿tendrá a quien dedicarle el gol, el gringo de Crespo, Entre Rios? Aquí, entonces, hay otra postal: gol del perro en una jugada de pelota parada. ¿Jaque mate? Todavía falta mucho.
La energía de Heinze es debordante. Su compromiso, como el de Jonás, es un trance casi onírico en pos de un mandato histórico. El abrazo colectivo en el centro del campo de juego, con Maradona como epicentro, es la postal final. La foto del compromiso. La instantánea del sueño. La fotocopia del espíritu.
PD: Messi la rompió toda.
ESPÍRITU
Lo festejan con el alma: casi taquicardia y la vena inflamada. Esfuerzo puro, el trajin del partido no deja huellas en esos rostros desencajados no por la fatiga, sino por la explosión espiritual: Argentina acaba de ganar en su debut mundialista y las imágenes hilvanan un flashback fulminante con escalas en La Paz (¡cómo dobla la pelota!), Rosario (Brasil, la la la la lá), Monumentalazo palermitano (El Titán de la gente), Montevideo (chupala vo'), Ezeiza y Pretoria.
Jonás Gutiérrez y el Gringo Heinze son la clave de un triunfo iniciático.
GALGEANDO. El Galgo estalla y su fibrosa fisonomía llega al paroxismo anatómico: el grito liberador consume la última porción de una reserva energética hecha jirones y los músculos se le marcan hasta en la cara a Jonás. Parece un póster de esos que hay en los consultorios o en los gimnasios en los que la silueta humana muestra todos los músculos del cuerpo. Pero con alma. Con espíritu. Se agacha Jonás y, espasmódicamente, salta. Tira un ganchito. Festeja el éxito, pegado al banco de suplentes. Esa es la postal. Mejor: una de las 2 postales.
Es que Gutiérrez jugó bastante mal. En realidad, jugó un PT espantoso y la pasó menos mal en el complemento. Porque jugó en una posición que de tan híbrida no puedo decir bien que fue: ni 4 ni 8; ni lateral ni mediocampista derecho. Entre la complejidad esquemática (mucho terreno para cubrir en desventaja numérica) y ciertas falencia propias (falló en varios cierres accesibles), Jonás quedó a medio camino casi siempre. Sin embargo, fue un batallador incansable, inquebrantable. Fue y vino, como pudo, subido en la certeza fulminante de estar aportando la undécima parte (o la vigesimotercera parte) de lo que le corresponde en pos de un objetivo superador.
Entonces, cuando el partido terminó, supo que la tarea estaba cumplida. Y lo festejó como un guerrero.
DE CRESPO, ENTRE RÍOS. ¡El Gringuito! ¡El Rusito! El grito es filial, cosanguíneo. Es que mi paisano entrerriano, el tipo más vapuleado por la "elite periodística", por los jetones ramplones, acababa de clavar un cabezazo magistral para convertir el gol del triunfo. Una boludez che!
Además, jugó un muy buen partido Heinze. De él hablo. Del tipo que es vital en este grupo que armó con calidad de orfebre Maradona. Del tipo que, además, es fundamental en el esquema por su capacidad futbolística.
Una confidencia que está bien que no crean, aunque es verdad: en la semana, cargaba a un compañero del diario que desprecia (futbolísticamente, claro) al Gringo. Le decía, medio en joda medio en serio: Heinze y Messi, las figuras de Argentina. Se cansa de hacer goles en el Mundial el Gruinguito! le solté en una hipérbole bien maradoniana.
Ahí va Heinze, extasiado, en busca del banco de syuplentes para festejar el gol. Imagínense ustedes el flashback del Gringo mientras va levitando sobre el césped del Ellis Park: ¿tendrá a quien dedicarle el gol, el gringo de Crespo, Entre Rios? Aquí, entonces, hay otra postal.
La energía de Heinze es debordante. Su compromiso, como el de Jonás, es un trance casi onírico en pos de un mandato histórico. El abrazo colectivo tras el triunfo en el centro del campo de juego, con Maradona como epicentro, es la postal final. La foto del compromiso. La instantánea del sueño. La fotocopia del espíritu.
PD: Messi la rompió toda.
Jonás Gutiérrez y el Gringo Heinze son la clave de un triunfo iniciático.
GALGEANDO. El Galgo estalla y su fibrosa fisonomía llega al paroxismo anatómico: el grito liberador consume la última porción de una reserva energética hecha jirones y los músculos se le marcan hasta en la cara a Jonás. Parece un póster de esos que hay en los consultorios o en los gimnasios en los que la silueta humana muestra todos los músculos del cuerpo. Pero con alma. Con espíritu. Se agacha Jonás y, espasmódicamente, salta. Tira un ganchito. Festeja el éxito, pegado al banco de suplentes. Esa es la postal. Mejor: una de las 2 postales.
Es que Gutiérrez jugó bastante mal. En realidad, jugó un PT espantoso y la pasó menos mal en el complemento. Porque jugó en una posición que de tan híbrida no puedo decir bien que fue: ni 4 ni 8; ni lateral ni mediocampista derecho. Entre la complejidad esquemática (mucho terreno para cubrir en desventaja numérica) y ciertas falencia propias (falló en varios cierres accesibles), Jonás quedó a medio camino casi siempre. Sin embargo, fue un batallador incansable, inquebrantable. Fue y vino, como pudo, subido en la certeza fulminante de estar aportando la undécima parte (o la vigesimotercera parte) de lo que le corresponde en pos de un objetivo superador.
Entonces, cuando el partido terminó, supo que la tarea estaba cumplida. Y lo festejó como un guerrero.
DE CRESPO, ENTRE RÍOS. ¡El Gringuito! ¡El Rusito! El grito es filial, cosanguíneo. Es que mi paisano entrerriano, el tipo más vapuleado por la "elite periodística", por los jetones ramplones, acababa de clavar un cabezazo magistral para convertir el gol del triunfo. Una boludez che!
Además, jugó un muy buen partido Heinze. De él hablo. Del tipo que es vital en este grupo que armó con calidad de orfebre Maradona. Del tipo que, además, es fundamental en el esquema por su capacidad futbolística.
Una confidencia que está bien que no crean, aunque es verdad: en la semana, cargaba a un compañero del diario que desprecia (futbolísticamente, claro) al Gringo. Le decía, medio en joda medio en serio: Heinze y Messi, las figuras de Argentina. Se cansa de hacer goles en el Mundial el Gruinguito! le solté en una hipérbole bien maradoniana.
Ahí va Heinze, extasiado, en busca del banco de syuplentes para festejar el gol. Imagínense ustedes el flashback del Gringo mientras va levitando sobre el césped del Ellis Park: ¿tendrá a quien dedicarle el gol, el gringo de Crespo, Entre Rios? Aquí, entonces, hay otra postal.
La energía de Heinze es debordante. Su compromiso, como el de Jonás, es un trance casi onírico en pos de un mandato histórico. El abrazo colectivo tras el triunfo en el centro del campo de juego, con Maradona como epicentro, es la postal final. La foto del compromiso. La instantánea del sueño. La fotocopia del espíritu.
PD: Messi la rompió toda.
miércoles, 9 de junio de 2010
"EL DAÑO A MESSI ES IRREVERSIBLE"
El preparador físico de la Selección, Fernando Signorini, se destapó con una de esas grandilocuentes declaraciones que suele hacer. "“Messi llega cansado al Mundial, el daño ya está hecho y es irreversible. Se preocupan por los controles antidoping pero no se preocupan porque los jugadores juegan 70 partidos por año”.
La pregunta explota por inercia: che, Signorini ¿no te fuiste un poco a la mierda?
Sin embargo, y para ser un poco honestos, lo que dice el buenito de Signorini es verdad. Aunque claro, la verba fluorescente del colorido PF le puso algo de dramatismo al asunto. Vale la aclaración pues Signorini es un muñequito bastante peculiar: verborrágico, con métodos de entrenamiento complejos, declarador explosivo...fue el personal trainner del Diego entre 1983 y 1993.
En una entrevista que le dio a Clarinete en 1999, el Profe dejó algunas ricas frases.
La pregunta explota por inercia: che, Signorini ¿no te fuiste un poco a la mierda?
Sin embargo, y para ser un poco honestos, lo que dice el buenito de Signorini es verdad. Aunque claro, la verba fluorescente del colorido PF le puso algo de dramatismo al asunto. Vale la aclaración pues Signorini es un muñequito bastante peculiar: verborrágico, con métodos de entrenamiento complejos, declarador explosivo...fue el personal trainner del Diego entre 1983 y 1993.
En una entrevista que le dio a Clarinete en 1999, el Profe dejó algunas ricas frases.
Los camorristas no usaban sacos ni trajes, no usaban Versace ni Armani. Los otros, sí. Y son los que dominan al mundo, que está como está. Entonces, no sé quién tiene razón. En todo caso estoy más cerca de los delincuentes que les sacan a los ricos para darles a los pobres, que de los otros
El tomó uno de los caminos más difíciles. Se enfrentó con los poderes hegemónicos y eso no te lo perdonan
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