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sábado, 23 de octubre de 2010

EL CONSUMO DE LOS "POBRES"

Hoy, en La Nación: "Por más que la mayoría de las empresas prefieran, el menos en el discurso, ignorarlos y continúen actuando como si los pobres no existieran, cada vez es mayor el peso de los sectores de menores ingresos en algunos rubros que a priori parecían exclusivos de la clase media".
Alguna pregunta, luego de leer el análisis: ¿el crecimiento del consumo de la clase media-baja es apenas una consecuencia proporcinal en relación a la pauperización de la clase media desde 2002 a esta parte?¿la política económica de 2003 a esta parte va en camino, lento pero seguro, de recomponer la morfología social imperante a inicios de la década del 70? ¿o la economía populista de este modelo genera, irremediablemente, una clase media baja extensiva que va comiendo los sectores tradiconales clase media-media?
La nota completa acá.

domingo, 14 de febrero de 2010

CHARLAS DE VACACIONES: REDRADO, KIRCHNER, BRANDO Y EL CARACOL SOBRE LA NAVAJA


La cosa empezó con una señal inequívoca.


Local surfer (surfer: bermudas largas, musculosas amplias, gorras con onda; indumentaria cool para un verano cool) en pleno microcentro platense y un diálogo inequívoco, también: -¡Se lo pusimos más dura eh! desenfundó, con confianza, el dueño del local; un jóven de no más de 35 años, vestido (con la impronta del local, claro) y looqueado (platinado furioso en esa cresta punk) para aparentar algo menos. Para ser cool.

-¡Seeee! Les va a costar quedarse con estos 6 mil millones, respondió el interlocutor-cliente en la misma jerga y con el mismo trato amistoso como quien se encuentra entre cofrades, aunque este ya peinara canas y estuviera acompañando a su hijo de unos 10 años.

El coloquio conservador es de los primeros días de enero. Allá lejos y hace tiempo (se sabe, la política argentina debiera encontrar una unidad de tiempo que sintetice su disparatada y vertiginosa dinámica) cuando el Golden Boy Redrado iniciaba su motín en el Banco Central apoyado por el dispositivo mediático y por esa parte de la Oposición obstinada en obstruir.

En ese marco, el bombardeo hegemónico de los mass media había sacudido a la clase media, que en gran proporción repetía (repite) maquinalmente los dogmas de la economía ortodoxa: que las Reservas (¡que buen punto! Porque fue Gerardo Morales quien encabezó la defensa republicana de las Reservas ante el intento troskoleninista –digresión: gracias, Abel Posse, por tu salvajismo retórico. Desenmascaraste a varios- de derroche, cuando en realidad este boina blanca fue uno de los responsables, como ministro de desarrollo de De la Rúa, de expoliar el Banco Central y dejarlo con anémicos 8 mil millones de dólares, cuando en la actualidad ese monto llega a los 48 mil millones); que la independencia y la Carta Orgánica del Banco Central (tics de la doctrina liberal ideada por los think tank del Consenso de Washington, aplicados en Argentina por Domingo Felipe I para articular la convertibilidad que enamoró a la tilingueria de clase media en los 90’ pero que derivó en el desastre económico-político-social de fines de 2001); que los arrebatos totalitarios de Gargamel K y la Yegua Montonera, que…

En ese contexto el tipo, que había ido a comprar una malla porque esa misma noche se iba de vacaciones, se chocó de frente con esos diálogos que detesta porque no se puede meter de arrebato; que ama porque desnudan la fragilidad de la retórica reaccionaria; pero que se convierten, con asiduidad, en un clonazepán que lo oprime: esas charlitas superficiales y someras, replicadas por millones, son la muestra irrefutable del triunfo de la historia oficial, del éxito del modelo liberal, de la imposición de los dogmas del poder mediático concentrado.

El tipo, entonces, que estaba como endemoniado porque ya sentía la brisa del mar y la sal en el cuerpo, se la fumó sin decir nada y se fue, auto - consolándose y parafraseando no se a quien: deben ser clase media, deben ser.

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La fragilidad del descanso en el “coche cama”, que con tanto esfuerzo el tipo había conciliado, se vio sacudido por carcajadas multitudinarias, irreales para el contexto. Aun somnoliento, reconoció que lo que oía era un CD de algún cómico que hacía humor político –perdón Tato Bores-. Enseguida, las parodias de Kirchner y de Cristina, y las risas del parlante que se replicaban en los pasajeros, que disfrutaban con esas caricaturas sonoras que definían a un Kirchner totalitario y a una Cristina hueca, apenas preocupada por su ropa. La ¿curioso? es que cuando llegó el turno de Macri o de Carrió, ni el humor era hiriente ni los pasajeros parecían disfrutar tanto con las parodias.

Aún aletargado, el tipo no podía dejar de prestarle atención a la risotada profunda –cuando se caricaturizaba al ex Presidente o a la Presidenta- de uno de los tripulantes. Lo disfrutaba, por eso eligió y lo quería compartir con su pasaje.
Todavía adormecido, el tipo se convenció que ahí, en ese marco, no había discusión posible. Todavía no había llegado al mar, pero las vacaciones ya le regalaban un segundo episodio.
buscó consuelo y pensó “deben ser clase media, deben ser”.


Ahora sí, ya en el destino elegido, el tipo se puso la malla flamante y se fue para la playa, dispuesto a distenderse. Sin embargo, ni siquiera había desplegado la reposera cuando un pariente político pasa por su lado, le tira un librito en su lona y le bate un lapidario “si lees esto, te tenés que ir del país”. Era un libro de Morales Solá, que es una recopilación de sus columnas publicadas en La Nación dese la asunción de Kirchner hasta 2008, escritas en esa clave que mezcla gorilismo con conciencia de clase.

Como cachetada de loco, el tipo se morfaba el tercer cachetazo cuando las vacaciones todavía estaban en pañales y ya no le sirvió el consuelo de las veces anteriores.

Además, las escenitas copadas por berrinches de base argumental liberal superficial y clichés y berretines derechosos y/o gorilones, se repitieron algunas veces con diferentes actores.

Claro, al tipo no le cerraban las cuentas. Las noticias y su percepción fáctica devolvían un verano atestado de turistas que generaban un consumo récord. Además, ninguno de sus interlocutores podía hacer un paralelo entre la honda preocupación y la apreciación de un país en llamas y sus conductas típicamente signadas por un poder adquisitivo nada despreciable. Es decir, no existía (existe) un hilo conductor entre esa queja-desprecio y un estado de situación que parece lejano de alguna crisis social o económica.

No tenía forma, el tipo, de lograr en esos debates que sus interlocutores unieran, aunque sea en algún punto, el relativo estado de bienestar de esa clase media que representan con el modelo político que encarna Cristina Fernández de Kirchner. Tampoco le resultaba fácil umbilicar algunas de las puntas de lanza de la retórica más reaccionaria con la funcionalidad que esas políticas derechosas-liberales podrían reportarles. La historia es pródiga es ejemplos y apenas un revisionismo lineal y superficial decanta en ejemplos funestos para la clase media: el fantasmagórico 1 a 1 que catalizó a esa franja derivó en un desastre económico que la ortodoxia económica pretendió remediar con ajustes en los sueldos, jubilaciones, gasto público etc. El resultado: corrida bancaria, corralito, helicóptero, catástrofe, cuasi-monedas, default. El año pasado, en el contexto de una crisis mundial casi sin precedentes, este gobierno manifestó políticas económicas-monetarias-financieras opuestas a las estipuladas por la ortodoxia republicanista. ¿Habrán veraneado mejor en 2001 que en 2010? ¿Sabrán que las recetas mágicas y cortoplacistas que en carácter sacrosanto reclaman desde la TV y la tapa de los diarios son las que hundieron al país?



“He visto un caracol deslizarse por el filo de una navaja. Ese es mi sueño, Esa es mi pesadilla. Arrastrarme, deslizarme por todo el filo de una navaja... afilada... y sobrevivir”.
En Apocalipsis Now, Marlon Brando es el Coronel Kurtz, la personificación del quebranto del pensamiento occidental.
Aquella construcción casi mística le corresponde a Kurtz (escribas ultraconservadores adoradores del primer centenario, aquí podría aparecer un nuevo capítulo de aquel silogismo político-actoral que mezclaba a Bela Lugosi – Juan Perón – Drácula; ahora tienen a Brando – Kirchner – Kurtz) y también podría corresponderle a las formas del kirchnerismo.

El modelo kirchnerista también representa un quebranto con algunos ejes medulares del status quo(para que no queden dudas: algunos, apenas) que intenta preservar la dependencia y la pequeñez del país. Por eso, y por su forma de entender la real politik, el estilo K parece caminar siempre por el filo de una navaja afilada (los DNU de creación el Fondo del Bicentenario y el de la remoción de Redrado -la forma, no el fondo de la cuestión- parecen acentuar aquella impresión) y, por ahora, siempre sobrevive.

Sin embargo, ¿cuántos de los que vieron Apocalipsis Now asumieron que Kurtz era el héroe y tenía razón? Mejor aun: ¿por qué, finalmente, Kurtz es asesinado?

Publicado en la edición impresa del diario Diagonales el 14/2/2010 (http://www.diariodiagonales.com/)

lunes, 7 de diciembre de 2009

DERROTAS. ENTRE LA LECCIÓN, EL DOLOR Y LA MANIPULACIÓN.




Dicen que de las derrotas se aprende.

El espíritu revulsivo de las derrotas generalmente consiste en generar espíritu de cambio, de revisión. No siempre pasa, pero cuando sucede….

En los últimos días sobrevolé en el ámbito de tres derrotas: una reciente, otra histórica y la restante de actualidad urgente.
Aunque distintas, estas tres derrotas presentan una íntima relación entre sí.
Sin embargo, poseen texturas diferentes: una de ellas, es una derrota aleccionadora; otra es dolorosa; y la restante es el enunciado RIMBOBANTE de una derrota pequeña.

Deambulando en el limbo bloggeroperonista, encontré una nota revulsiva en Tirando al Medio: un artículo que pretende desentramar la dialéctica de la clase media argenta, esa mixtura irrefrenable y heterogénea. La teoría es profunda e incita al análisis introspectivo del peronismo.

En medio de la densidad del análisis, me topé con un razonamiento casi revelador. Palabras más, palabras menos: la derrota más dolorosa del 28 J, es la necedad estremecedora de la clase media antikirchnerista.
Según ese análisis, resulta una tarea pseudo utópica intentar convencer, o persuadir, a disuadir o apenas lograr algún reconocimiento a la gestión K en los integrantes de esa supuesta clase media. No hay forma: ni la solidez académica, ni la lucidez militante, ni la pujanza pasional. Ni siquiera los argumentos sólidos que unbilican los intereses de esa clase con los lineamientos del modelo K. Por ahora, parece, es complicadísimo.

Creo que hay mucho de verdad en aquello.
Y creo, también, que hay mucho de error no forzado en esa derrota. Que debe ser ALECCIONADORA por esta cuestión: algo del ADN K fue el que propició este escenario.
El carácter generalmente contumaz y la mala comunicación del gobierno (sobre todo durante el conflicto con las cámaras patronales agropecuarias) creó un sujeto social opositor.
Hasta tal punto fue ALECCIONADORA, que el gobierno acusó recibo y cambió, sensiblemente, de cara a otro debate profundo como la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales. Cambió y le fue bien.
El desafío, entonces, es no tropezar con la misma piedra de acá para adelante.

La segunda es una derrota DOLOROSA e HISTÓRICA.
La anécdota siguiente sirve para ilustrar y prologar: mi vieja, que vive en un pueblito a 10 km de Carlos Paz, me vino a visitar luego de 1 año sin vernos.
Una de nuestras charlas corrió por el cauce político – social. “No se puede negar que la inseguridad aumentó mucho”, aseveró mi vieja, católica practicante, profesora de biología, ama de casa, formada en un colegio de monjas, criada en el conservadorismo de unos padres (mis abuelos) que, sin embargo, lloraron desconsolados (y casi escondiéndolo, no vaya a ser cosa que los amigos del Golf del club Universitario los vean) la muerte de Evita. Aclaro: mi madre no es reaccionaria ni gorila. Sigo, entonces.

“¿Cuántas veces te asaltaron y ya te mataron. Cuántas veces te secuestraron a tus nietos que, lo veo y lo disfruto cada vez que te visito, juegan todo el puto día en la calle a orillas del río?”, fue mi respuesta.

La chicana, casi un golpe bajo, intentó ser un freno de mano insoslayable. Le siguió la explicación de la producción de sentido y los intereses de las empresas periodísticas de los grupos concentrados, la manipulación y la tergiversación y, principalmente, la parte que le toca a las gentes de a pie: no legitimar el discurso hegemónico sin espíritu crítico; no replicar, en esa especie de espiral mecánico, las Verdades Reveladas que bajan del dispositivo mediático – opositor.

Para hacerla bien clara: si vivís en un lugar tranquilo, en el que disfrutás plenamente del trato cotidiano con los desconocidos en la calle, sin caminás sin mirar para todos lados, sin miedos. Si vivís apenas con el cuidado necesario y alejado de esa burbuja apocalítica que reflejan TN y América, Clarín y La Nación: ¿por qué replicás un discurso que ni siquiera te roza y te empeñas en preocuparte demasiado –aclaración: es válida e importante la preocupación por la seguridad real de los argentinos, pero no la preocupación asfixiante por lo que TN refleja con clara intencionalidad política- por cuestiones muy ajenas a tu cotidianidad?

Seguimos la charla por las vías políticas: ley de medios, asignación universal, oposición, oficialismo…en un momento, mi vieja quedó tildada. Pensé que la había aburrido, pero me soltó una revelación lapidaria: “la verdad es que te admiro y te envidio”, me dijo.

“Te admiro por la pujanza y la pasión en la defensa de lo que pensás. Y te ENVIDIO profundamente: ni yo, ni parte de mi generación, PUDIMOS HACERLO”.
Cuando mi madre intentó venir a estudiar a La Plata, a mediados de la década del 70, ingenua y recién salida del Sagrado Corazón, chocó con la crudeza de la realidad que mi abuelo se encargó de revelarle sin pruritos: fueron a visitar a mi tío que de vivir en Ensenada y estudiar en la facultad de medicina de La Plata y militar en el Partido Comunista, pasó a vivir en un sótano de Capital Federal obligado por su familia.
Mi tio se había salvado: los milicos lo fueron a buscar 10 minutos después que la familia lo obligara al destierro salvador, y que mi abuelo –en presencia de mi mamá- quemará los cientos de libros que eran una condena segura.

Mi vieja entendió. Un poco. Algo. Una parte.

Aquella, entonces, es una derrota DOLOROSA: la pérdida irreparable de una generación militante.
Fue el triunfo de la crapulencia. De los miserables funcionales a los intereses hegemónicos neocoloniales.
Exterminaron a una generación y educaron a otra. Crearon la clase media de la individualización opresora, subyugada por recetas sociales, culturales y políticas retrógradas.
Quizás la clase media que, en mayoría, votó de forma regresiva el 28 J, sea producto del aquel extermino. Extermino de las personas y de las ideas.


La tercera derrota, o ENUNCIACIÓN de derrota, es consecuencia del 28 J: la nueva conformación de la Cámara de Diputados, donde el jueves pasado la Oposición, abroquelada en una mermelada inverosímil, en un rejunte Cambalache que ni Discepolín hubiese imaginado, tuvo quórum propio luego de mucho tiempo e impuso su número para la conformación de las autoridades de la Cámara y de las comisiones internas.
Clarín, La Nación, Crítica, TN y América saludaron ese hecho con grandilocuencia republicana, con algarabía derechosa, con resentimiento gorila.

La pregunta es si esta neo Unión Democrática con claro aroma rancio será apenas la conveniencia anti Kirchnerista del jueves, o será la máquina de negar y de no producir que fue hasta ahora. O quizás no sea, ni siquiera, una de esas dos opciones y se pierda en la incongruencia de sus miserias anti algo (siempre parecen ser sólo eso: anti algo); que se pierda en los cortocircuitos intestinos de su probada incapacidad política.